En Lanzarote ya huele a vacaciones. No por los turistas, ni por el sol que pega en el Atlántico, sino porque ha aterrizado la comitiva que de verdad marca tendencia, los GRS, esos guardianes de la paz que tienen la ardua misión de proteger al presidente Sánchez mientras él se relaja entre palmeras, catering de lujo y piscina infinita.
Hasta ahí todo normal. Lo que ya roza el surrealismo digno de Berlanga es que estos agentes, héroes de uniforme, tengan que sobrevivir con una dieta diaria de 77 euros. Y no solo eso, tienen que adelantarlo de su bolsillo, porque el Estado, tan «diligente» siempre en sus pagos, se lo devuelve después. Vamos, que si un agente quiere una botella de agua y un bocata de calamares, que vaya preparando la tarjeta.
Uno podría pensar que esos 77 euros son una consideración por su sacrificio. Pero visto lo visto, más parece un castigo: “¿Quieres proteger a Sánchez? Pues duerme barato, come menos y reza para que el chiringuito tenga menú del día”.
La paradoja ya es de nota cuando comparas: mientras los agentes se ajustan el cinturón y se buscan pensiones de carretera para poder cuadrar cuentas, el presidente disfruta de su spa particular y un catering que haría llorar de emoción a Ferran Adrià. Y para rizar el rizo, los inmigrantes llegados en patera acaban en hoteles de cuatro estrellas. No sea que el turismo se sienta discriminado.
Eso sí, cuando salgan las fotos oficiales, todos saldrán impecables, el presidente sonriente, los guardias firmes. Nadie verá que tras ese uniforme hay un estómago vacío y una tarjeta de crédito al rojo vivo.
Porque, en el fondo, la mejor protección para Sánchez no es la seguridad, es que sus escoltas estén tan ocupados contando los céntimos que no tengan tiempo ni de mirar lo que pasa a su alrededor.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 31/07/2025

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