Hay cosas en la vida que no necesitan demasiada explicación. Cuando uno ve blanco y en botella, lo normal es pensar en leche… salvo en política, donde lo blanco puede ser negro, gris o directamente transparente, dependiendo del ángulo, del interés y, por supuesto, del titular del día.
Resulta que el gigante chino China National Chemical, vetado en Estados Unidos desde hace seis años, porque, ya se sabe, allí son muy suyos con eso de la seguridad nacional, ha decidido que el mejor lugar para abrir una sucursal es España. Casualidad, sin duda. Pura coincidencia cósmica, la misma que en las colas de de la embajada marroquí, donde quizás sea el único lugar de España donde se aclama al Presidente. Como cuando dejas la ventana abierta y justo entra el gato del vecino… con las llaves de tu casa en la boca.
Todo esto ocurre, curiosamente, al mismo tiempo que el presidente Pedro Sánchez refuerza las relaciones con China en un viaje oficial que no ha pasado precisamente desapercibido.
Acompañado por Begoña Gómez, el líder del Ejecutivo ha demostrado, una vez más, su admirable capacidad para estar donde hay movimiento. No se trata de ideología, ni de estrategia a largo plazo, ni mucho menos de geopolítica compleja. No. Es algo más sencillo, el olfato. Ese sexto sentido que detecta oportunidades como los tiburones detectan una gota de sangre en el océano.
Porque Sánchez no se acerca al poder… el poder parece acercarse a él. Y si viene con acento mandarín, mejor que mejor. Que el mundo es global, dicen, y aquí no estamos para hacerle ascos a nadie… salvo que venga con aranceles, claro.
Mientras tanto, algunos ingenuos siguen preguntándose si hay relación entre una cosa y otra. Si la llegada de una empresa vetada en Estados Unidos y el acercamiento político-comercial con China tienen algo que ver. Qué cosas. Como si en política las piezas se movieran solas, como si esto fuera un tablero de ajedrez jugado por fantasmas.
Pero tranquilos, que todo tiene su explicación… o al menos su versión oficial.
Y es que, como bien decía aquel refrán reinventado para la ocasión, cuando todo parezca ir en contra, recuerda que los aviones despegan contra el viento… aunque a veces no quede del todo claro quién pilota, hacia dónde se vuela, o quién paga el combustible.
Porque al final, entre tanto viaje, tanta foto y tanta diplomacia sonriente, lo único que queda realmente claro es lo de siempre: blanco y en botella… pero aquí cada uno decide si quiere verlo como leche… o como otra cosa bastante más difícil de tragar.
Salva Cerezo