Hubo un tiempo en que se decía que el trabajo dignificaba. Hoy, en cambio, conviene añadir una advertencia sanitaria: practíquese con moderación, no vaya a ser que le caiga un expediente.
Eso debió de pensar algún iluminado administrativo al enterarse de que un funcionario de una oficina de empleo en Mérida había cometido la temeridad de trabajar más horas de las permitidas para sacar adelante su labor. Una conducta intolerable en un país donde estamos más acostumbrados a investigar al que trabaja que a premiarlo. El resultado puede ser una sanción de seis meses de empleo y sueldo. Todo un ejemplo para las nuevas generaciones: si ves trabajo acumulado, mira hacia otro lado y espera instrucciones.
Mientras tanto, el dinero público sigue circulando con la alegría de una verbena. Quince millones de euros para una visita papal no parecen provocar la misma alarma que unas horas extraordinarias de un empleado diligente. Debe ser que los millones vuelan tan alto que escapan al radar de los guardianes de la austeridad.
Por su parte, Podemos ha decidido convertir la visita del Pontífice en una nueva oportunidad para recordar a los españoles que todavía existe. Ante la amenaza de desaparecer en futuros comicios, cualquier foco es bueno para salir en la foto. Hay partidos que hacen política y otros que practican supervivencia mediática.
Y cuando parecía que el circo nacional tenía ya todos los artistas sobre la pista, reaparece Puigdemont desde Waterloo. Como esas viejas estrellas que se resisten a abandonar los escenarios, vuelve a insinuar que podría apoyar una hipotética moción de censura que les beneficiaria en muchos de sus pretensiones políticas. Eso sí, con una condición digna de las cortes medievales: que Feijóo viaje hasta Waterloo para solicitar su benevolencia. Ya no hablamos de política parlamentaria; hablamos de peregrinaciones.
Uno imagina la escena: líderes nacionales cruzando fronteras para pedir audiencia mientras los problemas reales de los ciudadanos siguen esperando turno. La vivienda, la inflación, la presión fiscal o la sanidad pueden aguardar. Lo importante es alimentar el espectáculo.
Y así transcurre la vida pública española. Un funcionario puede ser castigado por trabajar demasiado, millones de euros se evaporan entre polémicas, algunos partidos buscan desesperadamente mantenerse en el foco y otros convierten la política en una cuestión de protagonismo personal.
Después nos preguntamos por qué tantos ciudadanos contemplan la actualidad con una mezcla de incredulidad y resignación.
Quizá porque han comprendido una de las grandes lecciones de nuestro tiempo: en la España política del siglo XXI, el que trabaja, escarmienta.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 03/06/2026

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