Dicen los viejos refranes que «a buena sombra se arrima quien buen árbol le cobija». Y si hablamos de sombra, pocas tan extensas como la del poder. Porque una cosa es gobernar y otra muy distinta abandonar el sillón cuando empiezan a caer chuzos de punta.
España vive instalada en una especie de serie de televisión por entregas. Cada mañana aparece un nuevo escándalo, una nueva polémica o una nueva explicación que necesita tres explicaciones más para ser entendida. Lo extraordinario ya no es que aparezcan problemas, sino que alguien consiga recordar los de la semana anterior.
Mientras tanto, el capitán del barco insiste en que la travesía continúa viento en popa, aunque la tripulación corra de un lado para otro con cubos achicando agua. La consigna parece clara: resistir es vencer. O al menos resistir hasta la próxima encuesta.
Pedro Sánchez se ha convertido en una especie de campeón olímpico de la supervivencia política. Donde otros ven dimisiones, él ve oportunidades. Donde otros ven desgaste, él ve resiliencia. Y donde algunos observan un incendio, él asegura que se trata de una agradable barbacoa democrática.
Los ciudadanos asisten al espectáculo entre la incredulidad y el cansancio. Cada escándalo es presentado como una campaña de desprestigio; cada crítica, como una conspiración; y cada problema, como una casualidad cósmica perfectamente sincronizada por fuerzas oscuras que siempre parecen trabajar en su contra.
La pregunta ya no es si piensa terminar la legislatura. La pregunta es si, llegado el momento, alguien encontrará la forma de despegarlo del sillón sin dañar el tapizado. Porque da la impresión de que el poder ha pasado de ser un cargo temporal a convertirse en una modalidad de ocupación permanente.
Y así seguimos, entre titulares, investigaciones, desmentidos, rectificaciones y promesas de transparencia que llegan envueltas en más misterio que una novela policiaca. Mientras tanto, los españoles contemplan la función preguntándose si el final será una comedia, una tragedia o una de esas películas interminables en las que aparecen los créditos y el protagonista sigue sentado en la misma silla.
Porque, al fin y al cabo, cuando uno encuentra una buena sombra, cuesta mucho abandonar el árbol. Aunque alrededor ya estén cayendo las ramas. El siguiente comodín será el de la visita del Papa, nueva sombra para cobijarse aunque no sea capaz de asistir a ninguna misa en favor de los damnificados.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 02/06/2026

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