El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, es un tipo echado para adelante. Se ha ido a Bruselas para negociar que el catalán, el vasco y el gallego sean lenguas oficiales en el Parlamento Europeo.
Le han dicho los socios europeos: “No se preocupe, lo pensaremos hasta la eternidad”. Lo que es una forma, diplomática, de no decir no.
Pero, para nuestro ministro es un triunfo total.
Aquí, con nuestro Gobierno, el día y la noche es una cuestión relativa.
A.M. Beaumont (El Semanal Digital)