O cómo inflar el currículum es ya asignatura troncal en la Universidad de la Política Moderna
En otro emocionante capítulo de “Mentiras y poltronas”, hoy nos visita la dimisión de Noelia Núñez, que deja su escaño tras confesar que su currículum no era más que un folleto publicitario con brotes de fantasía académica.
Vamos, que en lugar de un grado tenía un grado de imaginación. Noelia, como tantos otros antes que ella, descubrió que para escalar en política no hacen falta másteres, solo cara dura, verbo fácil y un poquito de Photoshop académico.
Pero, un momento… ¿esto no lo habíamos visto antes? Sí, claro. Desde que los partidos abrieron la puerta al «relevo generacional», no ha parado de llover titulitis, másteres imaginarios, y diplomas que ni en una tómbola de feria. Jóvenes promesas con un talento innegable: el de inflar un CV como si fuera un colchón de playa.
¿Y por qué mienten? Muy sencillo, porque fuera de la política no les cogerían ni en una entrevista para reponedor de supermercado sin pasar antes por el cursillo de manipulación de fruta. Pero en política… ¡ah, en política! Todo es posible. Un buen discurso, una pose ensayada frente al espejo y cuatro frases demagógicas copiadas de Twitter, y voilà: ¡eres portavoz, diputada o hasta ministra de Igualdad!
La política española se ha convertido en el único sector donde la meritocracia es una leyenda urbana. Aquí no hace falta saber, basta con parecer que sabes. Y si alguien descubre que mentiste… no pasa nada, dimites, te reciclas en una fundación afín o una tertulia amiga, y a seguir cobrando. Que el contribuyente lo paga con gusto.
Eso sí, mientras a ti te piden tres másteres, inglés nivel C2 y cinco años de experiencia para hacer fotocopias, a ellos les basta con “estudios en curso” (desde 2006) para dirigir presupuestos de millones. El mensaje está claro: mentir no te descalifica; te promociona.
Quizás ha llegado el momento de exigir que los políticos pasen una oposición, o al menos un examen de comprensión lectora. Porque dirigir un país no debería ser el último refugio de los que no sirvieron para otra cosa.
Pero claro, si lo exigiéramos… ¡se nos queda el Congreso como un desierto! Recuerdo aquella frase de Groucho Marx: «lo importante no es saber, sino tener el teléfono de quien sabe».
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 25/07/2025

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