Como siempre que la humanidad se ha enfrentado a un momento crítico, Lucifer nos está apretando las tuercas en este tiempo de pandemias, guerras y pequeños apocalipsis que nos ha tocado vivir.

Esta antesala de la Parusía en la que la gran mayoría de personas se ha dado a los vicios y al desorden moral para evadirse del inmenso caos global que existe, y donde (como siempre ha ocurrido) sólo una pequeña minoría de escogidos por Dios tiene claro que únicamente saldremos de ésta siendo fieles a la Verdad escrita en el Evangelio.

Los brutales asesinatos de Iryna Zarutska y de Charlie Kirk han supuesto una convulsion global de tal dimensión que me atrevo a compararla con los atentados del 11-S. Como predijo el joven genio americano, «ya nada será igual en Estados Unidos», ni en el resto del mundo.

Una parte de la sociedad está despertando de un letargo demasiado largo, de varias décadas de inacción y pasividad; de aceptar lo que a todas luces es inaceptable. Nos hemos dejado arrebatar la civilización. Y ahora nos va a tocar recuperarla palmo a palmo, a base de tesón y de agallas.

En el evento de Patriots celebrado en Vistalegre, casi nueve mil personas enmudecieron al ver el estremecedor vídeo editado por la inmensa Nora Cabezas. Vi lágrimas resbalando por las mejillas de mujeres y de hombres en cuyas miradas (como en la del propio Abascal) uno podía leer la pregunta: «¿Por qué?» 

Era inevitable sentirse amigo de Charlie Kirk, verlo, en esa pantalla gigante, como un amigo nuestro de toda la vida a quien un desalmado arrancó de este mundo por proclamar la verdad. Tenía menos de 33 años, y sus hijos pequeños, y su esposa, merecían tenerlo a su lado mucho tiempo más. Ese «por qué» colectivo se quedó flotando para siempre en el Palacio de Vistalegre.

La alianza patriota que se refuerza cada día en Europa, defendiendo las ideas por las que mataron a Kirk, es una de esas aparentes contradicciones que siempre acompañan los momentos estelares de la historia.

Porque en apariencia estamos peor que nunca, pero a la vez tenemos más esperanza que nunca; porque es mucho lo que han derribado, pero también es mucha la fuerza, y la esperanza, y la ilusión por reconstruir absolutamente todo lo que somos y lo que fuimos; y poner, piedra sobre piedra, el altar infinito de la gloria que heredamos de nuestros mejores, y que estamos obligados a conservar.

Pululan en las redes sociales cientos de adefesios, criaturas de Satán, casi todos deformes y horriblemente feos, burlándose del asesinato de Kirk o aplaudiendo el degollamiento de Iryna a manos de un negro con antecedentes.

En su odio está la huella de aquel a quien sirven. Y el recordatorio de que tenemos enfrente el Mal, así, con mayúscula. El mismo que tentó a Cristo en el desierto, el que envenenó el corazón de Judas para que cambiase al Redentor por treinta monedas. El Mal que ha estado detrás de todos los crímenes humanos a lo largo de los siglos, y que seguiremos teniendo enfrente hasta el final de los tiempos.

El mundo nunca ha estado peor. Pero nosotros nunca hemos estado tan seguros de la victoria del Bien. Y, en efecto, nos podrán perseguir, señalar e incluso matar como a Iryna y a Charlie; pero en tal caso, solamente podrían quitarnos la vida en este valle de lágrimas; «una mala noche en una mala posada», que diría Santa Teresa.

Nada podrán lograr en la batalla colectiva que, si un día fue en Covadonga, en las Navas de Tolosa o en Lepanto, hoy se libra en un tablero virtual y en un escenario múltiple. Nunca pudieron y jamás podrán. Pero hay que admitir que, entretanto, nos dan bastante por saco.

Rafael Nieto (La Gaceta)

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Humanidad,

Última Actualización: 21/09/2025

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