Siempre me ha parecido increíble que el tal Julio se hubiese tirado, cuando apenas tenía 30 años, más de 3.000 gachís; dicho de otra manera, desde siempre he creído que formaba parte de una campaña de lanzamiento, que me parece que le funcionó.
Era el gran folladorcito, el que las enamoraba a todas y, en consecuencia, si besaba a las chavalas, parecía una gracia, que avalaba su fama. Es más, parece que en algunos programas de la tele, a los que acudía, parece que ya estaba estipulado por contrato, que debía tener ese comportamiento.
Desde luego, no es excusa para que, si es cierto lo que ahora denuncian dos extrabajadoras suyas, se vaya de rositas.
En cualquier caso, sorprende que ahora haya venido a sustituir en la tele a los casos del puterío de Ábalos, los tocamientos indebidos de algunos compañeros de éste y la supuesta corrección del PSOE. ¿Sabremos algún día la verdad de algo?
De cualquier manera, es un truhan o es un señor; porque las dos cosas a la vez, solo puede serlo en una canción.
Juan Alonso