Existe un viejo principio marinero que dice que, cuando el barco empieza a hacer agua, todo el mundo debe ponerse a achicar cubos.
Pero en la política española parece que han actualizado la norma, cuando el barco se hunde… algunos se van al cine.
Mientras el mundo contiene la respiración ante la tensión creciente en el estrecho de Ormuz, ese pequeño punto del mapa por donde pasa buena parte del petróleo que mueve la economía mundial, varios países ya han reaccionado tomando medidas para amortiguar el impacto de una crisis que amenaza con disparar los precios de la energía y provocar un nuevo terremoto económico.
Pero España, fiel a su tradición administrativa de “ya veremos qué pasa”, sigue observando el panorama como quien mira llover detrás de una ventana.
Eso sí, con un pequeño matiz que roza lo surrealista.
Después de los últimos batacazos electorales de Sumar, Podemos e Izquierda Unida, mientras medio planeta se prepara para lo que muchos ya consideran una tercera guerra mundial larvada en el Golfo Pérsico, la vicepresidenta Yolanda Díaz ha decidido que el mejor lugar para reflexionar sobre la situación es… la gala de los Óscar en Estados Unidos.
Con todos los gastos pagados, por supuesto.
Debe de ser una nueva fórmula de gestión económica que todavía no conocemos, como combatir la inflación desde la alfombra roja.
Porque claro, cuando el combustible amenaza con subir, cuando la cadena de precios empieza a tensarse y cuando las familias empiezan a hacer números en la cocina, lo lógico es cruzar el Atlántico para fotografiarse entre focos, cámaras y vestidos de alta costura.
Algunos lo llamarán diplomacia cultural.
Otros lo llaman, directamente, una tomadura de pelo.
La pregunta que muchos ciudadanos empiezan a hacerse es bastante sencilla:
¿Han perdido la cabeza… o estamos ante una especie de venganza política después del castigo de las urnas?
Porque la escena resulta difícil de digerir, mientras varios gobiernos europeos activan planes de contingencia ante la posible escalada energética, en España nuestros representantes parecen más preocupados por el brillo de la alfombra roja que por el precio del gasóleo.
Y luego se sorprenden de que la gente desconfíe de la política.
Quizá el problema sea que algunos dirigentes han confundido la política con un escenario.
Un lugar donde lo importante no es resolver problemas, sino salir bien en la foto.
Pero conviene recordar algo que los ciudadanos saben muy bien, los aplausos de Hollywood no llenan el depósito del coche, ni pagan la factura del supermercado.
Y cuando el barco empieza a hundirse, lo que espera la tripulación es ver al capitán al timón.
No en el cine.
Salva Cerezo

Categorizado en:

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Última Actualización: 17/03/2026

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