Dicen que la realidad supera a la ficción, pero últimamente ni la película Sexo, mentiras y cintas de vídeo se atrevió a tanto. En España hemos decidido modernizar el título con menos cintas y más sobres. Evolución natural de la especie política.
Hoy arrancamos con una idea brillante, de esas que harían llorar de emoción al mismísimo inspector Gadget, como es premiar con bonus millonarios a los inspectores de Hacienda por recaudar más. Sí, sí, como lo oyes. A mayor presión fiscal… mayor recompensa. Un sistema tan equilibrado como poner a un zorro a gestionar un gallinero y darle comisión por cada pluma que falte.
Mientras tanto, el ciudadano medio practica un nuevo deporte olímpico de cómo esquivar impuestos sin moverse del sofá. Difícil disciplina, teniendo en cuenta que el Estado siempre juega en casa y con árbitro comprado… con nuestros propios impuestos, claro.
Seguimos con la solidaridad internacional, ese concepto tan hermoso cuando lo pagan otros. 1000 millones para Ucrania, que ya suman 4000. Todo ello bajo el lema “no a la guerra”, que viene a ser como apagar un incendio con gasolina ecológica. Y sin pasar por el Congreso, no vaya a ser que alguien haga preguntas incómodas. Total, ¿para qué molestar a la democracia con formalidades?
Y hablando de democracia… los presupuestos. Esa “columna vertebral democrática ” de la que tanto se habla y que, en este caso, lleva dos años en estado de coma inducido. Los del 2023 siguen vigentes porque, al parecer, actualizar las cuentas públicas requiere algo tan anticuado como acuerdos. Y claro, en este gobierno Frankenstein cada pieza va por libre, uno tira del brazo, otro de la pierna… y el monstruo anda, pero a trompicones.
Pero no os preocupéis, que siempre hay un elemento estrella para animar la función, en este caso el famoso “sobre”. El de Aldama, ya en manos de la UCO, mientras cuentan que ha sido amenazado de muerte. Un sobre que no sabemos si contiene papeles, secretos o simplemente otro capítulo de esta serie interminable. España entera pendiente, como si fuera el último episodio de una serie de Netflix, esperando el gran giro de guion.
Mientras tanto, media España reza al Cristo de Medinaceli pidiendo el final de la película… y la otra media espera las medidas anticrisis del Consejo de Ministros, con la misma fe con la que uno espera que le toque la lotería sin haber comprado décimo, porque viene la Semana Santa y peligran los dispendios.
Y así seguimos, entre sobres, promesas y discursos, en un país donde el sexo ya ni escandaliza, las mentiras cotizan al alza… y los sobres, bueno, esos parecen no pasar nunca de moda.
Porque al final, como diría cualquier sabio de barra de bar, aquí no se sabe si estamos en una democracia… o en una tragicomedia por entregas.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 20/03/2026

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