Dicen que hay políticos que gobiernan… y otros que presentan galas. Y luego está Pedro Sánchez, que ha decidido especializarse en lo segundo, pero con presupuesto público y eco internacional, o sea una precampaña electoral con nuestro dinero.
el mundo celebra la apertura del estrecho de Ormuz, en un nuevo ejercicio de escapismo digno de Houdini, pero sin cadenas, que incomodan, nuestro presidente aterriza en Barcelona convertido en maestro de ceremonias de una cumbre progresista mundial. Una especie de “festival de Eurovisión ideológica”, donde cada país trae su canción… pero todos comparten el mismo estribillo: “la culpa es de Estados Unidos”.
Porque si algo une más que el amor, es un enemigo común. Y ahí, como bien dice el refranero, “Dios los cría y ellos se juntan”. Aunque en este caso, más que juntarse, parece que hacen networking con canapé y discurso prefabricado.
La gran incógnita, sin embargo, sobrevuela el ambiente como un dron institucional:
¿Es Sánchez gavilán o paloma?
Gavilán no parece, porque el gavilán caza.
Paloma tampoco encaja del todo, porque la paloma simboliza la paz… y aquí lo que hay es bastante ruido.
Quizá estemos ante una nueva especie: el ave fénix diplomática, capaz de reinventarse en cada foro internacional mientras en casa arden pequeños incendios cotidianos que nadie termina de apagar.
Mientras tanto, en el mundo real, ese que no sale en las fotos oficiales, Europa se enfrenta a una crisis energética que empieza a oler más a invierno duro que a transición verde. Y aquí llega la solución estrella:
teletrabajo para ahorrar desplazamientos.
Brillante.
Si no hay petróleo, que no se mueva nadie. Problema resuelto.
Eso sí, surgen algunas dudas menores, insignificantes, seguro:
¿Es obligatorio o solo una “recomendación con cara de obligación”?
¿Quién pone los medios: la empresa, el trabajador o el Espíritu Santo?
¿Está la vivienda media preparada para convertirse en oficina, aula, gimnasio y guardería todo en uno?
Porque claro, no todos vivimos en un ático con vistas al mar y despacho acristalado. La mayoría teletrabajaría desde la mesa del comedor… compartiendo WiFi con media familia y negociando el silencio como si fuera un alto el fuego.
Pero tranquilidad, que para eso tenemos miles de asesores.
Esa legión invisible que, según parece, está ahí para prever el futuro… aunque luego el futuro llegue sin avisar y les pille redactando el PowerPoint del mes pasado.
Y así seguimos, avanzando a base de improvisación elegante, decisiones reactivas y titulares con brillo. Un modelo de gestión que podríamos resumir en una frase muy castiza:
“A salto de mata, pero con traje.”
Entre tanto, el maestro de ceremonias sonríe, reparte saludos, posa para la foto… y dirige una función donde el guion cambia cada día, pero el público, nosotros, sigue pagando la entrada.
Porque al final, en este gran teatro político, lo importante no es resolver los problemas…
sino que la iluminación sea buena y el aplauso llegue a tiempo.
Salva Cerezo