La mayor parte de los programas de radio y televisión tienen poco que ver con la realidad de las historias que nos cuentan. Dan prioridad a las valoraciones subjetivas de sus comentaristas, no se comportan como informadores profesionales y no disimulan su sesgo ideológico
El periodismo solo puede sobre vivir si informa sobre hechos y con datos contrastados sin hacer ninguna valoración subjetiva porque la información no puede ser suplantada por un comentarista que según sea su ideología o quién le pague el sueldo, sobrevuela los hechos e ignora los datos.
En las tertulias hay más activistas sin estudios ni oficio conocido que periodistas independientes. Algunos medios han apostado por la confrontación la única información fiable es la del tiempo y el tráfico en las carreteras.
Los ejecutivos de las televisiones y las radios han descubierto que sus seguidores son fácilmente manipulables y prestan más atención al debate que a la naturaleza de los hechos.
En los muchos años que llevo en este oficio no alcanzo a recordar un momento con tanto mamporrero mediático que se ha vendido al poder ejecutivo a cambio de hundir en el fondo de la indignidad un historial que hace tiempo fue digno.
Ha coincidido con un momento de crispación sin precedentes en una sociedad alineada en los extremos con riesgo cierto para nuestra estabilidad democrática.
Nunca la izquierda extrema había estado en el gobierno y jamás el periodismo en democracia se había comportado como activista en favor de una ideología excluyente.
¿Por qué le llama “progresista” a caminar lentamente hacia la dictadura?
¿Por qué se promueve y trabaja en la destrucción de la separación de poderes y se persigue desde el ejecutivo al Poder Judicial?
¿Por qué se le llama fascista a cualquiera que no vote a la izquierda y nadie habla de la ultraizquierda que está en el poder ejecutivo?
Mi desprecio a los que dicen ser periodistas y se comportan como esclavos de una ideología que tiene como jefe al dueño de la voluntad de sus seguidores.
Diego Armario