Dicen que lo que tiene precio se compra… y lo que tiene valor se conquista. En España, sin embargo, hemos perfeccionado una tercera vía, lo que tiene influencia… prescribe.
Ahí tenemos al incombustible Jordi Pujol, que con más de 90 primaveras a sus espaldas ha logrado lo que muchos juristas soñaban, convertir el calendario en su mejor abogado defensor. Décadas hablando del famoso “3%”, cuentas en Andorra que parecían más bien una sucursal emocional de la familia, y al final, la justicia decide que ya es tarde… que perseguir ciertos asuntos a esa edad puede resultar, quién sabe, hasta de mala educación.
Eso sí, la edad no fue impedimento para ejercer su derecho democrático y votar en las elecciones del FC Barcelona. Porque una cosa es no poder rendir cuentas… y otra muy distinta perderse la oportunidad de elegir presidente. Prioridades, que las llaman.
Mientras tanto, en el país donde el tiempo cura todos los escándalos, el Gobierno anuncia con solemnidad una lluvia de 407.000 millones para carreteras. Asfalto nuevo, líneas bien pintadas, y quién sabe si hasta algún bache menos. España podrá no garantizar un hogar a sus jóvenes, pero al menos podrán circular sin sobresaltos… eso sí, de casa de sus padres al trabajo precario, en un viaje de ida sin retorno a la independencia.
Porque comprar una vivienda hoy es como conquistar Troya, pero sin caballo y con la hipoteca como enemigo interno. Alquilar, directamente, entra en el terreno de la ciencia ficción. Y así, una generación entera aprende que el valor no se conquista: se aplaza.
Y por si el menú no estaba lo suficientemente cargado, en el tablero internacional aparece Marruecos estrechando lazos con Estados Unidos en acuerdos de cooperación que, vistos desde este lado del Estrecho, tienen ese aroma inquietante a “ya veremos en qué acaba esto”. Porque cuando los grandes juegan al Risk, los pequeños territorios, Ceuta, Melilla, Canarias, empiezan a mirar el mapa con cierta desconfianza, no vaya a ser que alguien decida recolocar las fichas.
Así que aquí estamos, un país donde los escándalos caducan, las carreteras rejuvenecen y los jóvenes envejecen esperando una oportunidad. Donde lo que tiene precio se paga… y lo que tiene valor se queda en el discurso.
Porque al final, querido lector, puede que conquistar tenga mérito… pero comprar tiempo, eso sí que sale rentable.
Salva Cerezo