Mónica García es una ministra a la fuga que ha anunciado que quiere regresar al grupo de los que pierden las elecciones en la Comunidad de Madrid.

La mujer vislumbra su futuro con temor a que Pedro Sánchez la cese porque la huelga que estamos padeciendo en el sector de la sanidad pública exige una interlocución para la que la señora García ha dado muestras de su incompetencia, y antes de que anochezca se está apresurando a buscar una salida que le garantice otro sueldo público.

Sabe que su destino es la insustancialidad en la Asamblea de Madrid, un lugar para la melancolía de los que pierden las elecciones frente a su rival que las gana por mayoría absoluta sin que, por ahora exista un margen de esperanza para la oposición, como lo reconoce el Presidente del CIS José Félix Tezanos, en una encuesta de estimación de voto para la Comunidad de Madrid.

La ministra de Sanidad, si regresa a la Asamblea, tendrá que compartir con las otras izquierdas la dosis de protagonismo que le corresponda según los escaños que represente frente a una líder que gana por mayoría absoluta y no le perturban las críticas ni los insultos de políticos y periodistas que ladran mientras cabalga.

Díaz Ayuso es la dirigente mejor valorada del centro derecha español y también la más insultada por un sector de la izquierda que no soporta que sea políticamente incorrecta y que tenga un discurso rotundo no exento de ironía y provocación.

En política se critica a los “versos sueltos” que van por libre y no se someten a una disciplina de consignas en una sociedad donde la inteligencia y a veces la emoción son las mejores consejeras frente a la atonía, y la vulgar obediencia debida que limita la libertad de pensamiento.

La frase “ladrán, luego cabalgamos”, que nunca escribió Cervantes , parece oportuna en este contexto.

Diego Armario

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Política,

Última Actualización: 29/04/2026

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