Hubo un tiempo, sí, existió, aunque hoy parezca leyenda rural, en el que el médico no necesitaba escáner, TAC ni una batería de pruebas dignas de la NASA. Le bastaba mirarte a los ojos, tocarte la frente y preguntarte: “¿Qué te pasa, hijo?”. Y, milagrosamente, acertaba más que muchos protocolos informatizados actuales.
Eran aquellos médicos de cabecera de pueblo, mitad galenos, mitad confesores, con algo de psicólogos y bastante de humanidad. No llevaban prisa porque no estaban atrapados en una agenda diseñada por alguien que jamás ha pisado una consulta. Su diagnóstico incluía ciencia… y sentido común, ese medicamento hoy descatalogado.
Pero claro, aquello tenía un problema: no generaba suficientes informes, ni justificaba presupuestos millonarios, ni alimentaba la maquinaria burocrática. Así que decidimos evolucionar. O eso nos dijeron.
Hoy el médico ya no mira, “evalúa”. No escucha, “gestiona”. No cura, “protocoliza”. Y entre huelga y huelga, diez meses, nada menos, seguimos asistiendo al espectáculo de ver cómo quienes un día abrazaron el juramento hipocrático ahora tienen que pedir permiso hasta para ejercerlo.
Mientras tanto, en el palco de autoridades, el aplauso sigue cotizando al alza. Hay quien cobra más por asentir aplaudiendo como focas que un médico por salvar vidas. Debe de ser porque lo segundo no sale en la foto.
Y así estamos, con profesionales agotados, pacientes desorientados y gestores encantados de haberse conocido. Todo muy moderno, muy digital… pero curiosamente cada vez más deshumanizado.
Eso sí, prioridades no faltan. Siempre hay tiempo para gestos diplomáticos de dudosa utilidad como invitar a una cumbre a Delcy Rodríguez en contra de la UE, o para escenificar grandeza internacional, aunque en casa falte lo básico, médicos que puedan ejercer como lo que son, y no como piezas intercambiables de una cadena de montaje sanitaria.
Quizá el verdadero progreso no era sustituir a aquellos médicos vocacionales… sino haber aprendido de ellos.
Pero claro, eso no cotiza en ningún presupuesto.
Y ya se sabe que lo que no cotiza, no existe. Vaya este artículo como homenaje a esos profesionales de antaño.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 02/05/2026

Etiquetado en:

,