Hay gobiernos que planifican… y luego está este, que improvisa con la solemnidad de quien cree estar escribiendo la Constitución cada martes por la tarde.
El último episodio de esta brillante estrategia habitacional se vivió en el Congreso, donde al decreto de prórroga de los alquileres le enseñaron la puerta de salida con la misma rapidez con la que se redactó, entre prisas, presiones y ese noble arte de legislar para no enfadar al socio de turno.
Porque aquí no se gobierna para solucionar problemas, sino para no molestar a la coalición que te mantiene en la poltrona. Que no es lo mismo, pero se le parece en el PowerPoint.
El decreto, como era previsible, nació con vocación de mártir. No porque fuera valiente, sino porque era más inútil que una urna en unas primarias del PSOE. Una de esas medidas que suenan bien en rueda de prensa pero que, en la vida real, tienen la eficacia de ponerle una tirita a una presa rota.
Mientras tanto, el problema de la vivienda sigue creciendo como la espuma… pero sin vivienda.
Porque claro, resulta que el mercado no responde bien a los parches ideológicos. ¡Qué sorpresa!.
Los propietarios, esos seres mitológicos que según algunos viven en áticos bañados en oro, empiezan a retirar pisos del mercado. Qué cosas. Será que no les entusiasma la idea de alquilar con normas cambiantes, inseguridad jurídica y el pequeño detalle de que si alguien ocupa su casa, el proceso para recuperarla puede durar más que una legislatura.
Pero tranquilos, que la solución ya está pensada, otro decreto.
Y otro.
Y otro más, si hace falta.
Mientras tanto, las soluciones de verdad. esas aburridas que no caben en un eslogan, siguen esperando su turno, menos despilfarro en lo superfluo, más vivienda social real (no la que se promete en titulares), incentivos fiscales para alquileres e hipotecas, y salarios que permitan algo más que sobrevivir en modo “compartir piso hasta los 50”.
Ah, y ese pequeño detalle incómodo del que nadie quiere hablar demasiado alto, como es la ocupación. Ese elefante en el salón que se intenta tapar con cortinas ideológicas mientras los propietarios miran sus llaves con desconfianza.
Pero no pasa nada. Porque, según nos cuentan, el empleo va viento en popa. Da igual que gran parte sea público o sostenido con alfileres presupuestarios. Lo importante es que el titular aguante… como los decretos, aunque sea unas horas.
Y en medio de este teatro legislativo, el ciudadano sigue esperando. Esperando poder alquilar, comprar o, al menos, entender qué norma está vigente esta semana. Para Yolanda, lo mejor es que la gente se lance a las calles, ¿contra quién?
Eso sí, siempre nos quedará la intriga nacional, ¿a qué espera Víctor de Aldama para tirar de la manta?
Quizá esté esperando a que aprueben un decreto que regule también eso.
Visto lo visto, no sería descartable.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 30/04/2026

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