Hoy, reflexionando se me ocurre una maldad que quiero compartir. Hay quien dice que las maldiciones son cuentos para turistas y documentales de madrugada. Pero la historia está llena de gobernantes que aprendieron demasiado tarde que remover tumbas ajenas trae consecuencias. Ahí está el caso de Lord Carnarvon, que abrió la tumba de Tutankamón y acabó visitando al faraón antes de tiempo. Y aquí, en esta España de tertulia permanente y memoria selectiva, nuestros iluminados patrios decidieron que la primera gran misión histórica del nuevo gobierno debía ser desenterrar a Franco del Valle de los Caídos. Prioridades de Estado, lo llaman.
Desde aquel 24 de octubre de 2019, España parece vivir bajo una versión castiza de la maldición egipcia. Apenas levantaron la losa de Cuelgamuros, comenzaron a desfilar calamidades como si alguien hubiese abierto la caja de Pandora con BOE y rueda de prensa. Llegó el Covid, las restricciones, el hundimiento económico y las colas del hambre. Después vinieron Filomena, incendios devastadores, sequías históricas, terremotos, volcanes, DANAS, inundaciones, olas de calor capaces de freír un besugo sobre el capó de un Seat Panda y una inflación que convirtió el carrito de la compra en un artículo de lujo. Y ahora tenemos el remate con un hantavirus y la sombra de otra pandemia.
Y mientras tanto, el gobierno reaccionando siempre con esa mezcla entre propaganda y desconcierto que ya forma parte del paisaje nacional. Porque en España ya no se gestionan crisis, se hacen comités de expertos invisibles en supervivencia y resiliencia, campañas de hashtags y discursos grandilocuentes mientras el ciudadano intenta sobrevivir pagando la luz, la gasolina y el aceite de oliva como si fueran joyas de Cartier.
Quizá todo sea casualidad. O quizá exista realmente la “maldición de Cuelgamuros”, esa fuerza sobrenatural que castiga a quienes creen que pueden utilizar a los muertos como atrezo ideológico.
Porque hay algo profundamente decadente en una clase política incapaz de construir futuro y obsesionada con pelearse con las tumbas del pasado.
Los antiguos egipcios dejaron escrita una advertencia: “La muerte golpeará con su miedo a aquel que turbe mi reposo.” Aquí no hemos llegado a tanto… de momento. Pero viendo cómo va España desde aquella excursión funeraria televisada, más de uno empieza a mirar al Valle con el mismo respeto con el que se mira una pirámide maldita.
Ver menos.
Salva Cerezo