Hay tradiciones que nunca fallan. El 6 de julio Pamplona enciende el chupinazo y España entera contiene la respiración mientras miles de corredores deciden que la mejor manera de demostrar valentía consiste en ponerse delante de un toro de seiscientos kilos.
La política española, en cambio, ha perfeccionado el sistema, y aquí los toros corren detrás de los ciudadanos… y encima les pasan la factura.
Los Sanfermines duran nueve días. La legislatura parece eterna.
En Pamplona, cuando suena el cohete, todos saben que comienza el encierro. En Madrid basta con abrir el BOE, escuchar una rueda de prensa o encender la televisión para comprobar que llevamos años corriendo sin saber quién soltó el primer toro.
Los astados tienen nombre, corrupción, cesiones, enchufes, socios insaciables, imputaciones, comisiones, pactos imposibles y alguna que otra vaquilla disfrazada de transparencia.
La diferencia es que, en Navarra, si el toro te alcanza, sabes quién te ha embestido. En política siempre aparece un portavoz explicando que la cornada era un bulo de la oposición.
Y mientras el país celebra el inicio de las fiestas, otro encierro mantiene en vilo a la Moncloa. La esposa del presidente, que lleva años sin acompañar oficialmente a su marido a las cumbres de la OTAN, espera conocer si el juez Peinado le permitirá recuperar temporalmente el pasaporte para viajar a Ankara. La decisión sigue pendiente mientras las partes mantienen posiciones enfrentadas.
La escena tiene cierto aire sanferminero.
Todos mirando al balcón… pero no al del Ayuntamiento de Pamplona, sino al del juzgado.
Unos esperan que suene el chupinazo.
Otros esperan que suene el teléfono.
Y no falta quien esté rezando a San Fermín para que el toro judicial cambie de dirección.
En los Sanfermines existe una recomendación muy sensata: si te caes, no intentes levantarte delante del toro.
En nuestra política sucede justo lo contrario. Cuanto mayor es la cornada, más asesores aparecen asegurando que, en realidad, ha sido un masaje institucional.
Lo admirable del Gobierno es su extraordinaria capacidad para correr mirando hacia atrás. Siempre encuentra un culpable anterior, un juez, un periodista, una conspiración internacional o un algoritmo especialmente fascista.
Nunca el toro…
Quizá por eso España se ha convertido en el único país donde el encierro termina cada tarde… pero el espectáculo continúa en horario de máxima audiencia.
Y mientras en Pamplona el grito es «¡Viva San Fermín!», en Madrid cada cual parece tener el suyo:
«¡Que no me alcance el siguiente sumario!»
Porque, al fin y al cabo, los toros embisten por instinto.
La política… suele hacerlo por interés.
¡Felices Sanfermines! Y recordad el viejo consejo de los corredores veteranos: delante de un toro conviene correr muy deprisa… pero delante de algunos políticos, quizá lo más prudente sea correr… hacia las urnas.
SalvaCerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 07/07/2026

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