Sentada en la orilla del tiempo,
con el alma envuelta en silencio,
miras cómo el sol se despide
dejando oro sobre el mar inmenso.
No esperas nada, y sin embargo,
todo parece llegar a ti:
la paz de los días vividos,
los sueños que aún quieren seguir.
Y mientras la tarde se apaga
sobre las aguas encendidas,
descubres que la belleza más grande
es haber amado la vida.
Ana Ocaña
Feliz descanso y mucho ánimo.