Dicen que el saber no ocupa lugar. Lo que sí ocupa mucho espacio es la ignorancia cuando presume de cátedra. Y en España hemos conseguido convertirla en espectáculo nacional.
Bastó que Rajoy alabara a la selección francesa para que media España declarara el estado de excepción futbolístico. Que si Francia juega bien, que si tiene pocos franceses, que si el comentario era oportuno o inoportuno… El país entero debatiendo sobre nacionalidades mientras la pelota seguía siendo redonda y el césped igual de verde.
El Gobierno, siempre atento a cualquier cortina de humo que alivie la presión de los escándalos del día, encontró la ocasión perfecta para indignarse con una frase futbolera. Mucho más cómodo discutir la alineación de Francia que la alineación de los problemas nacionales.
Pero, mientras el balón rodaba, llegó la noticia verdaderamente inquietante.
Más del sesenta por ciento de los aspirantes a docentes suspendieron por faltas de ortografía.
No hablamos de resolver una ecuación de segundo grado ni de traducir a Cicerón del latín. Hablamos de distinguir una «b» de una «v», colocar una tilde donde corresponde o escribir sin asesinar al diccionario.
Lo realmente preocupante no es que suspendan. Lo alarmante es imaginar qué habría ocurrido si hubieran aprobado. Dentro de unos años tendríamos alumnos escribiendo «haber si apruebo», «ha ber cuando viene» o «echo de menos la hache», convencidos de que la Real Academia es una marca de bolígrafos.
España lleva años invirtiendo millones en educación y, por lo visto, los resultados se han quedado en la sala de profesores tomando café.
Después nos preguntamos por qué cada vez leemos menos. Quizá porque para entender algunos textos hace falta primero descifrarlos.
Eso sí, nadie se rasga las vestiduras. Total, siempre podremos culpar al corrector automático, al cambio climático o a la inteligencia artificial, que últimamente sirve igual para escribir un discurso que para cargar con las culpas.
Al final, el refrán sigue teniendo razón: el saber no ocupa lugar. Lo que ocupa demasiado espacio es la mediocridad cuando consigue plaza fija.
Y ahí sí que no hay corrector ortográfico que nos salve.
Salva Cerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 14/07/2026

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