Hay camisas que abrigan, camisas que quedan bien y luego está la camisa de once varas, esa que uno se pone voluntariamente para complicarse la vida sin necesidad.
La expresión nació en la Edad Media con un curioso ritual de adopción en el que el padre introducía al niño por la enorme manga de una camisa y lo sacaba por el cuello, sellando después la nueva paternidad con un beso en la frente. Lo de las once varas era, naturalmente, una exageración. Porque nueve metros de camisa ya no sería una prenda, más bien sería una vela mayor de barco.
Con el tiempo, la expresión cambió de significado y pasó a definir a quien se mete en un problema innecesario.
Y ahí aparece nuestro protagonista.
Porque cuando el país esperaba explicaciones, autocrítica y soluciones sobre el conflicto de Ceuta, el presidente Sánchez decidió ponerse la camisa… y además meterse entero por la manga.
En una entrevista en la Cadena SER, según el planteamiento que nos ocupa, repartió responsabilidades hacia Felipe VI, Israel y Rusia. De autocrítica sobre la gestión del Gobierno, aparentemente, ni una puntada.
El problema de estas camisas es que, una vez dentro, cuesta muchísimo encontrar la salida. Y si además uno se empeña en señalar a todo el mundo desde el cuello de la prenda, corre el riesgo de que la camisa termine convirtiéndose en una camisa de fuerza política.
Mientras tanto, ciudadanos de toda España salen hoy a los ayuntamientos en apoyo de Ceuta. Porque cuando una ciudad española siente que está en peligro, quizá lo último que necesita es una competición de culpas y lo primero sea sentido de Estado, unidad y responsabilidad.
Ya lo advertía aquel proverbio árabe:
“Si tienes dos orejas, dos ojos y solo una boca, es porque debemos escuchar y ver dos veces antes de hablar.”
Un consejo sencillo, aunque tiene un inconveniente para algunos políticos que les obliga a pensar antes de ponerse la camisa.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 02/09/2026

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