«Pagar a toca teja» significa pagar al contado, en el mismo momento de hacer una transacción, sin aplazar ni dejar cuentas pendientes.
El dicho viene del siglo XVII, cuando en Segovia se acuñaron unas monedas de plata conocidas popularmente como tejas, muy apreciadas para hacer pagos contantes y sonantes.
Y mira por dónde, después de varios siglos seguimos teniendo algo muy claro… para decidir, todos; para pagar, ya veremos.
En nuestra particular comunidad de propietarios, por ejemplo, hemos llevado la democracia a una dimensión desconocida.
Pueden votar los que viven aquí, los que vivieron alguna vez, sus hijos, sus nietos y hasta los descendientes de quienes tuvieron un tercero interior durante seis meses en 1964.
No importa que estén a 10.000 kilómetros ni que no sepan dónde está el edificio.
Eso sí, cuando llega la derrama para arreglar la gotera del quinto, desaparecen misteriosamente del padrón.
La memoria histórica es muy democrática para votar, pero parece tener una memoria bastante selectiva para pagar a toca teja.
Y aquí es donde me acuerdo de mis dos abuelos.
El materno decía: «Compra cuando tengas el dinero».
El paterno, en cambio, aconsejaba: «No te adelantes a pagar, que te puedes equivocar».
Yo, después de mucho meditar, creo que ambos tenían razón.
El problema aparece cuando uno decide y otro paga.
Porque entonces ya no hace falta tener dinero, ni vivir en el edificio, ni siquiera conocerlo. Basta con tener derecho a voto.
Y así llegamos a aquella otra sentencia popular: «Tanto debes, tanto vales».
Aunque, viendo cómo funcionan algunas cosas, quizá habría que actualizarla:
«Tanto votas, tanto mandas; tanto pagas, tanto te aguantas».
Y eso sí que sería pagar a toca teja.
Porque las tejas de Segovia eran de plata.
Pero algunas facturas modernas parecen fabricadas directamente con plomo.
Y mientras unos deciden desde Montevideo, México o Nueva York, los veinte vecinos de toda la vida seguimos debajo de la gotera, esperando que alguien se acuerde de nosotros.
Eso sí…
La próxima derrama la pagamos a toca teja.
No vaya a ser que también la tenga que votar el bisnieto de alguien que pasó una tarde por el portal en 1964.
Salva Cerezo