Decimos que algo se ha pasado de castaño oscuro cuando ha rebasado la frontera de lo razonable y empieza a ponerse demasiado serio.
El dicho, cómo no, viene del mundo taurino. Se decía que el toro de capa castaña ya prometía emociones fuertes y que, si encima oscurecía el pelaje, mejor ir preparando el capote… y las piernas.
Y en España parece que últimamente estamos criando demasiados toros oscuros.
Ceuta lleva semanas en el centro de la polémica y hasta el fútbol ha terminado entrando en el ruedo. En el Elche-Real Madrid, los jugadores salieron con camisetas de apoyo a los ceutíes bajo el lema «Todos somos caballas». Pero Vinícius, Mbappé y Konaté decidieron llevarla enrollada y quitársela antes que sus compañeros.
Nadie puede obligar a un futbolista a ponerse una camiseta con un mensaje que no comparte. Faltaría más. Pero cuando se representa a un club y se salta al campo ante millones de espectadores, hasta un gesto aparentemente pequeño puede convertirse en un mensaje enorme.
Y mientras discutimos quién se pone una camiseta y quién se la quita, llega otro invierno con los hogares mirando de reojo el contador y la factura de la luz. Porque una cosa es hablar de energía barata y otra bastante distinta es abrir el buzón donde llueve sobre mojado ante ese 4.3% de IPC anual.
Quizá el problema no sea que el toro sea castaño.
El problema es que llevamos demasiado tiempo oscureciéndolo todo: la política, el debate público, la convivencia… y hasta la factura.
Como escribió Pérez-Reverte: «La cultura es la única herramienta de resistencia que nos queda frente a la manipulación y la estupidez».
Así que habrá que cultivarla.
Porque cuando todo se pasa de castaño oscuro, al menos que nadie consiga apagarnos la luz de la razón.
Salba Cerezo