Porque la música
siempre fue mi refugio,
mi terapia y mi hogar,
ahí donde las palabras
no alcanzaban,
llegaba una canción a salvarme,
a entenderme,
a abrazarme sin tocarme.
Y es que yo
no solo escucho música,
yo la siento en el pecho,
en la piel, en el alma,
cada nota me repara,
cada letra me cuenta.
Y cada melodía me recuerda
que aún con el corazón roto,
sigo latiendo al ritmo
de mis propias canciones.
Feliz Jueves y mucho áimo.