Se llaman comidas pantagruélicas a esas comilonas donde la abundancia no conoce límites. La expresión procede de Pantagruel, el gigantesco personaje creado por François Rabelais en el siglo XVI, amante de la comida, la bebida y de todo aquello que pudiera llevarse a la boca.
Rabelais utilizó aquellas exageradas comilonas para satirizar las costumbres de su época. Cinco siglos después, parece que seguimos sin aprender demasiado.
Porque en España también tenemos nuestros particulares banquetes pantagruélicos.
Solo que aquí, además de comida, se sirven subvenciones, privilegios, poder y mucha capacidad para arrimarse a la mesa adecuada.
Y cuando hay banquete, nunca faltan comensales.
Ahora resulta que, al calor de las protestas por la vivienda en la Puerta del Sol, se prepara una huelga general para noviembre. Una movilización que, aunque nace de una reivindicación concreta y legítima como el acceso a una vivienda, termina ampliando el menú hasta convertirlo en una especie de bufé libre político.
Y ahí aparecen nuestros grandes sindicatos, siempre dispuestos a defender al trabajador… especialmente cuando toca salir a la calle con las pancartas bien planchadas.
No seré yo quien cuestione el derecho de huelga. Faltaría más. Lo que cuestiono es esa curiosa costumbre española de convertir cualquier protesta social en una mesa camilla donde cada cual arrima el plato a su conveniencia.
Mientras tanto, el problema de la vivienda sigue esperando.
Y para completar el menú, tenemos postre catalán, Puigdemont ya puede regresar a España después de casi nueve años fuera, una vez levantada la orden nacional de detención tras la decisión del Constitucional sobre la amnistía.
Así que podemos estar tranquilos.
Unos protestan por la vivienda, otros convocan huelgas, otros negocian apoyos y otros regresan del extranjero con la tranquilidad de quien sabe que, después de nueve años, la puerta de entrada vuelve a estar abierta, gracias al TC a pesar de haber sido condenado por malversación
Todo ello mientras el ciudadano de a pie sigue haciendo números para llegar a fin de mes y preguntándose si algún día le tocará a él sentarse a la mesa.
Porque esta es quizá la auténtica comida pantagruélica española: unos ponen el pan, otros ponen el vino y los de siempre terminan comiéndose el pastel.
Y luego nos preguntamos por qué cada vez hay más gente harta.
Será que también se cansaron de mirar cómo otros comen.
Eso sí que es vivir a lo Pantagruel.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 07/10/2026

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