“Los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza alguna para el porvenir”.
Hipócrates lo dijo, o no, hace más de dos mil años, pero podría haberlo tuiteado esta mañana tras intentar alquilar un piso en Madrid, Barcelona o cualquier capital de provincia con playa, sin playa o con simple conexión a Renfe.
Porque si algo ha demostrado la historia es que cada generación adulta ha tenido una habilidad extraordinaria para señalar a la juventud como el problema… justo después de dejarle un panorama francamente mejorable. Una tradición milenaria, casi tan sólida como el derecho a heredar una hipoteca.
Juventud, sospechosa habitual desde la Antigua Grecia
Hipócrates, padre de la medicina, ya advertía de jóvenes descarriados, sin respeto por el pasado ni fe en el futuro. Curioso, porque hoy los jóvenes tampoco tienen futuro, pero no por falta de fe, sino por falta de contrato indefinido, ahorro previo y aval familiar con tres propiedades pagadas en 1992.
La frase atribuida al sabio griego ha sobrevivido siglos porque es comodísima, sirve para cualquier época y exonera a quien la pronuncia. Si los jóvenes no prosperan, no es por un sistema fallido, sino porque “no quieren sacrificarse”. Sacrificarse, eso sí, pagando 900 euros por una habitación interior con ventana al alma del casero.
Emanciparse, ese deporte de riesgo
En la España actual, emanciparse antes de los 30 no es una etapa vital, es una leyenda urbana. La vivienda se ha convertido en un bien de lujo, la construcción social es anecdótica y el mercado funciona como un casino donde siempre gana la banca… o el fondo de inversión.
Mientras tanto, se repite el mantra:
—“En mis tiempos también era difícil”.
Cierto. Pero en “tus tiempos” el sueldo alcanzaba para algo más que sobrevivir y el piso no competía con apartamentos turísticos, especulación financiera y una demanda creciente sin planificación real.
El comodín demográfico
Y cuando el puzle no encaja, aparece el comodín perfecto, “es que hay mucha inmigración”.
Una explicación rápida, eficaz y profundamente superficial.
Porque no, el problema no es que vengan personas a trabajar, vivir y buscar un futuro, exactamente lo que hicieron millones de españoles durante décadas, sino que no se ha construido vivienda suficiente, no se ha regulado con valentía y se ha dejado el derecho a la vivienda en manos del mercado, como si el mercado tuviera conciencia social.
Culpar al de abajo siempre sale barato. Planificar, no tanto.
Sin pasado… y sin porvenir.
Quizá Hipócrates tenía razón, pero no como algunos creen.
Los jóvenes no respetan el pasado porque ese pasado les recuerda quién tomó decisiones que hoy les impiden avanzar.
Y no tienen esperanza en el futuro porque el futuro se les presenta como un alquiler eterno, salarios ajustados y promesas políticas en régimen de temporada.
No es desinterés. Es desencanto informado.
Epílogo irónico.
Tal vez dentro de dos mil años alguien encuentre una frase atribuida a un pensador del siglo XXI que diga:
“Los jóvenes de hoy no quieren comprar casas”.
Y nadie recordará que lo intentaron…
Pero el sistema les respondió con un cartel muy claro:
ACCESO DENEGADO.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 02/01/2026

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