Bailó primero con los ojos
y con sus párpados
alados de pestañas.
Entre sus manos,
su cabeza pesaba lo
que pesaba el mundo.
Por último,
su rostro se iluminó,
dio tres pasos,
arqueó su cuerpo,
y sus manos
se extendieron desesperadamente…
se irguió
y nos las regaló abiertas,
después de aprisionar
el perfume ondulado de las rosas…
Feliz tarde y mucho ánimo.