Era una mañana
y yo sonreía,
frente al horizonte dorado
moría la Luna,
muy blanca y opaca,
tras ella,
cual tenue ligera quimera,
corría la nube
que apenas
enturbia una estrella.

Como sonreía
la rosa mañanera,
al Sol del oriente
abrí mi ventana
y en mi triste alcoba
penetró el oriente
en canto de alondras,
en risa de fuente
y en suave perfume
de flora temprana.

Antonio machado

Feliz Miércoles y mucho ánimo.

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Humanidad,

Última Actualización: 24/09/2025

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