Mientras el mar rompe con elegancia contra la orilla y escucho mi lista favorita, en algún lugar de la India, Pedro Sánchez asiste a una cumbre sobre inteligencia artificial intentando que, al menos, la artificial funcione mejor que la natural que le rodea últimamente.
El escenario es casi literario. De hecho, ni Gabriel García Márquez habría imaginado un título más apropiado: Crónica de una muerte anunciada. Solo que aquí la muerte no es súbita ni dramática. Es más española. Más nuestra. Más… de pellizquito en pellizquito.
La gota china versión WhatsApp
Mientras el presidente posa entre hologramas, algoritmos y discursos sobre el futuro digital del planeta, desde España viajan más rápido que el 5G los mensajes filtrados del caso Koldo.
La escena es casi poética.
No es un disparo.
No es una moción.
No es una dimisión fulminante.
Es la gota china.
Un mensaje hoy.
Un audio mañana.
Una captura pasado mañana.
Dicen que no fue la UCO.
Dicen que quizá fue el propio Koldo.
Dicen muchas cosas.
Pero lo único cierto es que cada filtración es como un mosquito en una noche de verano, pequeña, persistente… y desesperante.
Y mientras tanto, la prensa hace lo que mejor sabe hacer, estirar el chicle. Porque si algo no puede faltar en esta tragicomedia nacional es el suspense por entregas. Netflix se queda corto.
Inteligencia artificial vs inteligencia política.
Resulta casi enternecedor que el viaje sea precisamente a una cumbre de inteligencia artificial.
Porque lo que está ocurriendo no es artificial.
Es muy humano. Demasiado humano.
a política española ha perfeccionado una técnica milenaria, no se mata al adversario de un golpe, se le administra en microdosis. Es la eutanasia mediática asistida.
Y mientras tanto, el barco sigue navegando.
¿Cuándo abandonarán las ratas el barco?
Esa es la gran pregunta.
Porque en política las lealtades son como las sombrillas en la playa, se clavan firmes hasta que cambia el viento.
Algunos ya miran el horizonte.
Otros disimulan.
Otros ensayan frases de futuro por si toca virar.
Pero nadie quiere ser el primero en saltar.
Porque en España no se abandona el barco… se espera a que la orquesta cambie de partitura.
La moraleja que duele
Y aquí entra mi reflexión de hoy, que es donde la ironía se convierte en verdad:
Tener un hijo es fácil.
Plantar un árbol es fácil.
Escribir un libro es fácil.
Lo difícil es que el hijo salga recto, que el árbol no lo talen y que alguien lea el libro.
Gobernar es fácil.
Lo difícil es sostener la coherencia cuando sopla el viento.
Prometer es fácil.
Lo difícil es que el tiempo no te pase factura.
Porque al final, la política, como la vida, no se mide por el acto inaugural, sino por la resistencia al desgaste.
Y ahora, mientras apuro el café mirando el mar, el país sigue su curso, como las olas:
una tras otra,
golpe a golpe,
pellizco a pellizco.
Y el chicle… cada vez más fino.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 20/02/2026

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