Pedro Sánchez lo ha vuelto a hacer. Ha sacado del horno legislativo su plato estrella, el decreto ómnibus, ese guiso institucional donde cabe de todo… menos la decencia política. Un decreto tan variado que parece el menú del día de un bar de carretera: primero pensiones, segundo DANA, de postre okupación y, si se tercia, un chupito ideológico podemita para rematar la digestión.
La jugada es vieja, pero eficaz, cuando se mezclan medidas necesarias y socialmente incuestionables, como la revalorización de las pensiones para diez millones de mayores o las ayudas a los afectados por la DANA, con un cargamento de ideología tóxica cuidadosamente camuflada.
Luego se presenta el paquete completo con cara compungida, tono de mártir y mirada de zombi institucional, y se señala al enemigo:
—“Si no sale adelante, la culpa es del PP”.
Eso sí, ni una mala palabra para Junts, no vaya a ser que se enfaden y nos desmonten el chiringuito.
El problema no es el envoltorio, es el veneno que lleva dentro. Y esta vez, el veneno daría para fulminar a un elefante. Entre las páginas del decreto se cuela, como quien no quiere la cosa, una norma para impedir por ley las desokupaciones. Traducido al castellano de toda la vida, si te ocupan la casa, te aguantas. Años. Pagando. Callado. Medicado.
Porque el nuevo modelo de justicia social consiste en garantizarle al okupa luz y agua eternas, aunque no pague ni un céntimo. ¿Quién las paga? El propietario, por supuesto. Ese ser malvado que tuvo la osadía de ahorrar, trabajar o heredar un piso. El Estado, cumplir la Constitución y hacerse cargo del problema de la vivienda… eso ya si tal, otro día.
El chantaje es de manual:
—¿Quiere usted que le subamos la pensión o prefiere conservar su casa?
Elija bien, abuelo, que no hay comodines.
Porque aquí el drama no es la falta de vivienda social, que sigue sin construirse, ni las promesas incumplidas del Gobierno, ni la dejación absoluta de funciones. No. El problema, según este relato, es el anciano propietario, al que hay que sacrificar en el altar de la ideología para tapar la incompetencia.
Y no, esto ya no cuela. No cuela por mucho vídeo, por mucha épica impostada ni por mucha lágrima televisada. Las pensiones se deben subir porque es justo, no como moneda de cambio. Y el problema de la vivienda lo debe resolver el Gobierno, no el ciudadano al que le han robado su casa con bendición oficial.
Si hay que esperar un mes más para la revalorización de las pensiones, se espera. Lo que no es aceptable es seguir tragando decretos chantajistas, leyes tramposas y sermones morales mientras nos dan, una vez más, por donde amargan los pepinos.
Porque esto no es gobernar.
Esto es mezclarlo todo, agitar fuerte… y esperar que nadie lea la letra pequeña. Como decía mi abuelo: «Quien mucho abarca, poco aprieta «.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 29/01/2026

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