Seamos claros. Muy claros. El presidente Sánchez se ha saltado todas las líneas rojas de la política democrática, la primera de las cuales debe ser no mentir al pueblo. Los ejemplos son múltiples y están perfectamente accesibles en las hemerotecas y en los videos que circulan por las redes.

Dijo que no podría dormir si estuvieran los comunistas en su Gobierno. Que nunca negociaría con los herederos de ETA y tampoco con los independentistas que quieren romper España. Que había existido un claro delito de rebelión, etc, etc.

Ha hecho todo lo contrario, engañando a sus votantes, que tendrán en las próximas elecciones la oportunidad de decírselo, ya que desde dentro del partido tan solo algunos se han atrevido y han sido expulsados de él. Ha dado un golpe duro al Estado de Derecho con sus últimas reformas del Código Penal, eliminando el delito de sedición, lo que abre las puertas a otro intento golpista.
Ha modificado el delito de malversación de forma tal que desviar dinero para el partido y sus adláteres salga muy barato, si se arguye que no lo han hecho por lucro personal. Ha roto también la separación de poderes. En suma, ha actuado de tal forma que en Europa cada vez hay más voces que están señalando que esos cambios rompen en gran medida el Estado de Derecho en España.

Pues bien, sin dar más ejemplos, cuya lista sería interminable, vayamos al grano: ¿Qué pasaría si alguien, individuo o grupo, propusiera derrocar por la violencia al presidente Sánchez y por ende la Constitución de 1978, por haber abierto las puertas a todos estos lamentables hechos que afectan a la decencia política y al Estado de Derecho?

Pues mire quien lo propusiera no estaría haciendo otra cosa que aplicar lo que dice el Manifiesto Comunista, ese texto criminal que la vicepresidenta Yolanda Díaz prologó en su reedición de 2021, para conmemorar el centenario de la fundación del PCE.

Recordemos que la Vicepresidenta dedicaba al Manifiesto frases muy elogiosas, señalando que ese texto “Reaparece siempre, en los contextos de crisis económica y social, con toda su lucidez y su capacidad de estimular la reflexión” y que en el Manifiesto “late, hoy como ayer, una tan vital como apasionada defensa de la democracia y la libertad”.

 Seamos claros, dije al principio, y lo repito ahora. No. Sra. vicepresidenta, la democracia es incompatible con el marxismo. Todo el que se considere demócrata no debería estar a favor de derrocar por la violencia ni a Sanchez ni a nadie. Mi propuesta, y creo que la de la inmensa mayoría de los españoles. es dar respuesta en las próximas elecciones a esas actitudes de Sánchez que considero indignas y que llevan a romper España y a eliminar el Estado de Derecho.

Lo que sí creo es que los demócratas del PSOE y de la derecha deben manifestar que repudian esas frases del Manifiesto Comunista tanto en España, como en Cuba, Venezuela e incluso en las propias universidades e institutos.

El repudio al marxismo y a todas sus obras literarias, al igual que las del nazismo y el fascismo, debería formar parte de la educación en todo Estado que promueva la democracia. Lamentablemente esta necesidad no parece aún haber sido entendida por quienes promueven o callan ante las leyes de Memoria Histórica y Democrática, tanto las estatales como las autonómicas.

La Constitución de 1978, que aprobamos por inmensa mayoría, está llevando a España por mal camino. Es necesario invitar a los ciudadanos de buena fe, sean de derechas o de izquierdas, a que tomen consciencia de que la ideología en política es muy importante por su impacto tanto social como económico.

Hoy en 2023, ningún demócrata debe tener reparo alguno en repudiar las ideologías que, como el marxismo, propugnen el uso de la violencia.

Enrique Miguel Sánchez Motos (ÑTV España)