Antes Robin Hood robaba a los ricos para ayudar a los pobres. Hoy directamente nos saquean a todos… para mantener una plantilla fija de listos, intermediarios y “presuntos” que siempre acaban aterrizando sobre colchones judiciales de pluma de ganso.
Mientras el ciudadano se pelea en redes entre rojos y azules como si estuviera en un derbi perpetuo, resulta que las grandes partidas se juegan en otra mesa. Y ahí no hay ideologías, solo intereses, petróleo, divisas y abogados con calculadora.
Ahora descubrimos que la investigación sobre José Luis Rodríguez Zapatero no solo salpica a
España, sino también a Estados Unidos por sus presuntos vínculos con el caso Plus Ultra y conexiones venezolanas. Incluso medios nacionales e internacionales recogen la colaboración de Homeland Security en la investigación. Y que tras el procesamiento en España esconde la no extradición a EEUU, donde las penas son más duras y mientras tanto, un error en algunas de las causas, puede dejar sobreseido el caso.
Y claro, el ciudadano empieza a sospechar cuando escucha eso de: “tranquilos, ya lo juzgamos aquí”. Porque en España la Justicia parece tener dos velocidades, una para el autónomo que olvida declarar un Bizum de 100 euros y otra muy distinta para quienes manejan millones entre despachos, paraísos fiscales y amistades peligrosas.
Lo más enternecedor es la eficacia del sistema, Hacienda detecta una transferencia tuya antes de que pulses “enviar”, pero luego desaparecen maletas, comisiones, rescates millonarios y cuentas en Miami como quien pierde un mechero en la playa.
Y mientras tanto, para rematar la función nacional, los narcos roban embarcaciones y equipos a la Armada en Barbate. España ya no es un país; es una serie de Netflix escrita por Berlanga y dirigida por Torrente.
Nada es lo que parece… aunque últimamente cada vez se parece más a lo que temíamos. Zapatero, el bambi, con su cara de Mr. Bean, deja en cosa de aficionados a la banda del Peugeot.
Salva Cerezo