Hay quien dice que gobernar es como capitanear un barco en mitad de la tormenta. Y debe de ser cierto, porque nuestro presidente se ha autoproclamado capitán de un transatlántico… aunque cada vez da más la sensación de que navega en un Titanic político con las bodegas llenas de manzanas podridas.
Lo curioso es que, a diferencia del mítico capitán Smith, este no choca contra un iceberg por accidente, sino que parece coleccionar icebergs en la tripulación. Primero fue el “Trío Calavera” formado por Koldo, Ábalos y Cerdán, de los que, oh, sorpresa, tenía referencias desde hace años.
Pero, ¿quién podría imaginar que ese halo de “calaña” que les rodeaba era real? Sin duda, el presidente no. Él, siempre con la venda bien ajustada, para que no le entre ni la luz de la evidencia.
Ahora, cuando el PSOE celebra su congreso como si fueran unas vacaciones en el Caribe, estalla otra bomba: Salazar, presunto acosador con antecedentes conocidos desde 2016. Pero claro, ¿cómo iba a saberlo nuestro visionario capitán? ¿Quizás porque había informes? ¿Quizás porque el rumor era tan público que hasta los peces del acuario del Congreso lo comentaban? No, no… eso sería pedirle demasiado a un líder que vive cegado a su ego.
Y mientras los disidentes intentan hacer oír su voz desde los camarotes, el capitán, en modo Churchill de baratillo, se sube al puente de mando, golpea la mesa y proclama: “¡Callen! ¡Yo llevo el timón!”. Lo que no sabemos es si lo lleva hacia puerto seguro o directo al fondo del mar.
La pregunta flota en el aire como una boya abandonada: ¿Ignorancia? ¿Torpeza? ¿O quizá una maledicencia calculada? Porque aquí sólo hay tres opciones:
Ignorancia, sería preocupante en un líder que presume de controlar hasta la dirección del viento.
Torpeza, y pensar que con tanta torpeza aún sigue en el puente de mando da vértigo.
Maledicencia, la más inquietante de todas, porque significaría que no sólo sabía, sino que además decidió encumbrar a quienes podían serle útiles… hasta que empezaron a oler mal incluso para sus propios estándares.
Entre tanto, las manzanas podridas siguen fermentando en la bodega mientras el capitán se hace fotos en cubierta, sonriendo al horizonte como si nada pasara. Quizá no le importa el hedor porque está convencido de que el barco es suyo y, mientras flote, los demás pueden irse preparando para el naufragio.
Pero recordad, cuando se pregunte por la catástrofe, él no sabía nada. Nunca sabe nada. Es su mayor talento.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 07/07/2025

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