En España, la máxima representación del Mal, la tenemos en el Gobierno de la nación. Analicemos su ‘modus vivendi’ y ‘modus operandi’:

– MIENTEN los miembros del Gobierno: SI, pero no les importa.
– TRAICIONAN sus promesas y compromisos: SI, pero no les importa.
– MATAN los miembros del Gobierno: SI, pero no les importa.
– ROBAN Y RAPIÑAN los miembros del Gobierno: SI, pero no les importa.
– SON AMORALES E INDIGNOS los miembros del Gobierno: SI, pero no les importa.
– SE LUCRAN los miembros del Gobierno: SI, pero no les importa.
– FINGEN PREOCUPARSE POR LA SALUD PROVOCANDO UNA HAMBRUNA: SI, pero no les importa.
– CORROMPEN a la sociedad: SI, pero no les importa.
– VIVEN CON TODO TIPO DE INMERECIDOS PRIVILEGIOS los miembros del Gobierno: SI, pero les trae sin cuidado.
– DESPRECIAN a sus siervos los miembros del Gobierno: NO, porque ni los tienen en cuenta.
No recuerdo quien fue el visionario que determinó aquello de que «la religión era el opio del pueblo», ¡que gran verdad! porque la religión ha servido para su sometimiento y sean dóciles siervos.
Luego, otros, inculcaron una deliciosa idea «la del sentido de Estado» para engañar a quienes veían en el comunismo una idea redentora liberadora del hombre.
El Mal es egoísmo en estado puro, es individual y nunca colectivo, no ofrece concesiones ni atiende a ideologías porque carece de ellas, y así lo han demostrado todos los buenos malvados del mundo.
De verdad señores, acojamos el Mal, seamos unos virtuosos de la mentira y la traición, seamos unos malnacidos y unos homicidas, y no tengamos remordimientos por ello, porque el supremo Bien está en el Mal.
Ya lo determina, cristalino, ese viejo dicho: ¡ A vivir que son dos días ! .
El Correo de España
viñeta de Agustín Muro