Quién nos iba a decir que el nuevo “oro negro” no estaría en los pozos de petróleo, sino en los padrones municipales. Efectivamente, se ha descubierto una red que cobra 300 euros por empadronar inmigrantes. Un trámite gratuito, claro… pero en esta España de la picaresca institucionalizada, lo gratis ya se cobra, aunque sea con IVA moral incluido.
Mientras tanto, el ministro Marlaska, sí, ese que colecciona medallas ajenas como cromos de infancia, condecora con la Gran Cruz del Mérito de la Guardia Civil al director de Seguridad Nacional de Marruecos, Abdellatif Hammouchi. Todo un gesto de fraternidad entre países… aunque parezca más bien un intercambio simbólico, nosotros ponemos las medallas, ellos los inmigrantes.
Y uno se pregunta: ¿dónde están las medallas para los guardias civiles y militares que se jugaron la vida durante la DANA? ¿O para los que patrullan las fronteras a diario, enfrentándose al narcotráfico, mientras se les niega incluso el reconocimiento? Ah, no, esos no salen en la foto oficial. La heroicidad sin política no cotiza.
Vivimos en un país donde empadronar se ha vuelto un negocio, proteger la frontera un castigo, y regalar condecoraciones una costumbre. Un país donde la coherencia ha sido declarada especie en extinción y el mérito se mide en función del interés diplomático.
«El sabio puede cambiar, el necio nunca» como nos recordaba Kent.
Pero tranquilos, todo está bajo control, el gobierno en coalición sigue trabajando… aunque nadie sabe muy bien para quién.
Salva Cerezo