Hay espectáculos políticos que parecen diseñados para llenar butacas… pero ni regalando palomitas. El último intento de Yolanda Díaz por movilizar a la izquierda, con aquello de “¡ardamos las calles, camaradas!”, ha sido tan efectivo como intentar encender una barbacoa con un cubito de hielo. La ministra llamó a la revolución, pero la revolución, muy considerada, decidió que hacía frío y que mejor otro día.
Mientras tanto, en el otro lado del Consejo de Ministros, la temperatura sí que sube, pero no en las calles, sino en la nuca. Porque hoy Ábalos y Koldo han llegado al Supremo a declarar, y en Moncloa ya han hecho acopio de tilas, manzanillas y algún que otro ansiolítico nivel “rescate financiero europeo”.
Hay quien dice que Ábalos está preparado para “tirar de la manta”. Y no una manta cualquiera, sino una manta king-size, de esas que tapan más que justifican. Si la sacude con ganas, puede que salgan más pelusas que en un sofá de estudiante.
Koldo, por su parte, amenaza con convertirse en la caja negra del sanchismo, si se abre, se sabrá por qué el avión volaba solo hacia un destino, y por qué acabó aterrizando en un aeropuerto tan sospechosamente silencioso.
El Gobierno lo niega todo, como siempre: no hay miedo, no hay nervios, no hay riesgo, no hay caso.
Vamos, que no hay nada… salvo la certeza de que, si Ábalos estornuda, Moncloa puede pillar una gripe política de las gordas, mientras todos dicen no conocer a ninguno.
Salva Cerezo