Un delegado del gobierno puede tener las opiniones que le vengan en gana porque las opiniones son libres. Lo que no puede hacer es desvirtuar la verdad, manipular la historia, aceptar un relato falso y faltar al respeto a las víctimas del terrorismo, precisamente en representación del Ejecutivo.

Justo eso es lo que hizo ayer el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, antiguo secretario general de la Presidencia del Gobierno y, por tanto, persona de confianza de Félix Bolaños, cuando dijo sobre Bildu que «esos supuestos enemigos de España han contribuido a salvar miles de vidas de ciudadanos apoyando el estado de alarma, dignificando la vida de miles de pensionistas y mejorando las condiciones laborales».

Lo remató añadiendo, como expresión de desprecio a la derecha, que Bildu «ha hecho mucho más por todos los españoles y por España que todos los patrioteros de pulsera juntos».

Inexplicablemente, la defensa a ultranza de Bildu se ha convertido en un recurrente ítem electoral del PSOE para blanquear los más de 800 crímenes de aquellos terroristas a los que defiende y homenajea Bildu.

Lo más grave es que el argumento de este delegado del Gobierno no se limita ya a reafirmar la legitimidad de Bildu, que existe en tanto en cuanto es un partido legalizado, sino que lo erige en una especie de benéfico ‘salvador’ de españoles, sin el cual muchos miles más habrían muerto durante la pandemia.

El argumento, tan ridículo como ofensivo, se desmiente por sí solo. Olvida además este alto cargo gubernamental que el TC declaró inconstitucionales los dos estados de alarma decretados por La Moncloa durante la pandemia, con lo que presumir de ellos, y con Bildu como bandera, no es precisamente la estrategia más acertada para afrontar una campaña electoral.

Este tipo de mensajes, hirientes para muchos españoles y castigados por cierto en las urnas, demuestra la confusión que hay en el PSOE para mantener un mensaje unívoco y coherente ante la opinión pública. Presentar a Bildu como un socio fiable, y elogiarlo como ejemplar frente a la derecha «patriotera de pulseras», es un error y una burla.

Como también lo es que otro delegado del Gobierno, esta vez en el País Vasco, autorizase que una antigua portavoz de Gestoras Pro Amnistía –colectivo vinculado a los presos de ETA– fuese incluida en un programa como docente sobre feminismo para la formación de policías y guardias civiles.

En ambos casos, el Gobierno reaccionó horas después. Las dos son equivocaciones de bulto. Martín pidió disculpas «a quienes se hayan podido sentir ofendidos», y añadió que «creo que no me he expresado adecuadamente».

Y el delegado en el País Vasco excluyó a la dirigente de Gestoras en cuanto se hizo pública una elección tan improcedente. Sin embargo, Martín se disculpó por su modo de expresarse y no por el fondo de lo afirmado, que en eso no hubo rectificación alguna.

Ni de él, ni de ministros como Marlaska o Bolaños, que le aplaudieron y ni siquiera le matizaron. Tiene toda la lógica la petición de colectivos de víctimas y de dirigentes de la derecha para que Martín dimita.

ABC

 

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Última Actualización: 13/06/2024

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