Hoy es el día grande. El más grande. La gran fiesta.
Es la fiesta de la Esperanza. Porque la resurrección de Cristo no es sólo un hecho histórico, es la razón de nuestra Esperanza.
A veces da la sensación de que el mundo camina hacia el abismo. El aborto parece instalado y normalizado. El ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo ya no está en discusión. Hasta la agenda trans parece haberse impuesto. En los colegios se adoctrina en ideología de género sin que haya demasiada respuesta.
El laicismo es la nueva religión del Estado; el odio a la fe es moda, el 70% del clero sufre insultos y discriminación y la práctica religiosa es marginal.
Y a todo esto se suma una gravísima crisis moral. La palabra dada ya no vale para casi nada, los compromisos adquiridos son papel mojado y la profesionalidad parece cosa del pasado. El gobierno miente por sistema y no pasa demasiado. Incumple su mandato de presentar presupuestos y no se inmuta, reforma leyes sin pasar por el Congreso y no arde el país, insulta a los jueces y desautoriza sus sentencias caminando peligrosamente a la ley de la selva.
No. No son buenos tiempos. Son tiempos oscuros, de degeneración e incertidumbre, donde los valores parecen escondidos. O peor: ridiculizados.
Sin embargo, en estos momentos que parecen el final de los tiempos, Cristo Resucitado está presente. Es la Luz frente a la oscuridad, la Esperanza frente al desasosiego.
Está a la puerta y llama; sólo espera que le abramos para hacer morada…
Y en medio de la degradación y de las ‘estructuras de pecado’, el Espíritu Santo se derrama con fuerza con nuevas iniciativas como Emaús, Effetá, Proyecto de Amor Conyugal o seminarios de vida en el Espíritu.
En medio de la cultura de la muerte, la vida se abre paso. ¡La resurrección de Cristo es la promesa de nuestra propia inmortalidad!
Dios nos llama a una vida eterna y plena. No es una promesa vacía sino una realidad hecha carne en Cristo.
No es un cuento o una historia; es una realidad.
Y esa es nuestra Esperanza. La que hemos mostrado en las calles, en las procesiones; la que celebramos anoche en la Vigilia Pascual.
Y es esa Esperanza que nos anima a seguir luchando por lo que creemos, por la vida, la familia, el matrimonio, el derecho d elos padres a educar a sus hijos, la libertad religiosa y el respeto al estado de Derecho.
Porque Cristo ya nos prometió la victoria. “Las fuerzas del infierno no prevalecerán”. Esa es nuestra Esperanza. Y eso es lo que celebramos hoy.
Luis Losada Pescador (Actuall.com)