Decían en la película que los encuentros en la tercera fase eran contactos con seres de otros mundos. Viendo el panorama actual, uno ya no sabe si los extraterrestres vienen a invadirnos… o a pedir asilo político antes de que esto reviente y de paso a ver si consiguen alguna paguita.
El planeta entero parece una reunión de vecinos mal avenida. El llamado “estado del bienestar” está ingresado en la UCI, conectado a respiración asistida y con los políticos haciendo turnos para robarle hasta las pilas del electrocardiograma. Mientras medio mundo no llega a fin de mes, las grandes potencias juegan al Risk con cabezas nucleares encima del tablero.
Por un lado, Trump reuniéndose con Xi Jinping para pedirle que controle a Irán. Y Xi, con esa sonrisa de jugador de póker chino que no sabes si te vende arroz o te invade media Asia, respondiendo algo así como: “Perfecto Donald, yo te ayudo con Irán y tú me echas una mano con Taiwán”. Vamos, una conversación diplomática con la misma tranquilidad que intercambiar cromos en el recreo… solo que aquí los cromos son portaaviones y misiles hipersónicos.
Esto tiene más peligro que una bolsa de conguitos caducados olvidada en la guantera de un coche en agosto.
Pero tranquilos, porque en España nuestros encuentros en la tercera fase son más castizos y folclóricos. Aquí no necesitamos tensiones geopolíticas mundiales; nos basta con ministros en viajes oficiales alternando decisiones sanitarias con excursiones prostibularias. Porque según hemos sabido, Ábalos visitaba Galicia en plena pandemia acompañado de prostitutas mientras formaba parte del mismo comité que encerró a millones de españoles en sus casas bajo un confinamiento que luego los tribunales calificaron de ilegal.
Aquello era digno de expediente X, tú encerrado en casa limpiando con lejía hasta las lentejas y ellos de turismo emocional. El ciudadano común contando personas en Navidad como si fueran ovejas, mientras algunos próceres patrios practicaban el “distanciamiento social” exactamente a cero centímetros e «introduciendo flores en los maceteros ajenos».
Y mientras tanto, el PSOE gastando dinero público en campañas telefónicas fake contra Moreno Bonilla para sabotear la sanidad andaluza. Lo más fascinante es que atacan una sanidad donde pedir cita médica es ya una experiencia mística. Tú solicitas consulta y pasan tantas semanas que cuando llega el día o ya te has curado… o directamente te han cambiado el DNI por el certificado de defunción.
Eso sí, para propaganda siempre hay presupuesto. Para médicos faltan recursos, pero para fabricar relatos hay más financiación que para la NASA. España ya no invierte en investigación científica; investiga directamente cómo convertir la mentira en política pública.
Y aquí está la clave del asunto, el éxito de cualquier manipulador depende siempre del grado de ignorancia de sus seguidores. Porque el poder no necesita convencer a gente despierta; necesita anestesiar a suficientes personas para que el disparate parezca normal.
Y así seguimos, entre cumbres internacionales que parecen partidas clandestinas de Monopoly nuclear y dirigentes nacionales que convierten el BOE en un guion de Berlanga escrito después de tres gin-tonics.
Al final, los extraterrestres no van a venir a conquistarnos. Nos observan desde arriba, viendo el espectáculo, y deben de estar diciendo:
—“No intervengáis… ya se destruyen solos.”

Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 15/05/2026

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