ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE

La política, como siempre, tiene sus propias reglas. Su enfermedad no está en fase de atenuación, sino de escalada. Los políticos no pretenden arrinconar el virus de la incuria, dejándolo sin huéspedes, sino extenderlo como una epidemia capaz de discriminar a los hunos de los «hotros» para que diezme con carácter selectivo a las huestes del adversario.

Esta semana, en ese juego macabro de utilizar a los muertos como armas arrojadizas, los necrófagos de la Moncloa se han puesto las botas. Es verdad que Ayuso ha dado muchas facilidades. El modo en que ha gestionado la solicitud para pasar a la fase 1 prevista en el plan del Gobierno merece pasar a los anales de la torpeza política.

Era público y notorio que ella misma aún no estaba por la labor de empezar a abrir la mano. También era un secreto a voces que las autoridades sanitarias madrileñas se lo desaconsejaban. Enfrente, no se sabe por qué, Aguado amenazaba con agrandar la grieta de la coalición si no cambiaba de criterio y los empresarios, con el agua al cuello, acabaron por doblarle el brazo con argumentos aparentemente razonables. 

Grandísima estupidez. A la postre no solo siguen en la fase 0, sino que además han colocado a su mejor aliada entre la espada y la pared. A la hora de balancear la ecuación salud-economía, Ayuso ha permitido que pese más el platillo de la plata.

El resto de la chapuza es bien conocido: la directora general de Salud Pública presentó su dimisión -en un gesto de coherencia política y personal que habla bien del dictado de su conciencia- y el consejero del ramo, Ruiz Escudero, tuvo que maquillarse el rubor para esconder su desacuerdo.

En un réprobo gesto inicial de crueldad innecesaria, Ayuso se negó a agradecerle los servicios prestados -incluso llegó a insinuar que se había ido cinco minutos antes de que la echara- y obligó al consejero de Sanidad a defender públicamente como una decisión unánime lo que había sido, en realidad, un trágala en toda regla.

Desde que el puto coronavirus vino a cambiar nuestras vidas, la contienda política ha estado plagada de escaramuzas, sutiles a veces y burdas casi siempre, encaminadas a sacar ventaja electoral de la desgracia.
Frente a la calamitosa gestión del Gobierno, cuyo pliego de cargos incluye reacciones tardías, problemas de pardillez en el abastecimiento de los equipos de protección, falta de test, compras de material defectuoso, improvisación, gobernanza unilateral, falta de transparencia y uso abusivo de la alarma, entre otros, el PP oponía un modelo de gestión alternativo cuyo mascarón de proa era la Comunidad de Madrid.

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que socialistas y comunistas tratarán por todos los medios de romper ese espejo. Aparte de las invectivas de Iglesias y Montero, los publicistas del PSOE ya colaron un tuit, la noche del viernes, atacando a Ayuso.

La guerra está servida. Pincho de tortilla y caña a que a partir de ahora arreciarán las presiones sobre Cs para que deje al PP con el culo al aire. Empiezan los encuentros en la tercera fase. Arrimadas sabrá si le compensa subirse o no a esa nave extraterrestres.

Luis Herrero ( ABC )

viñeta de Linda Galmor