Los aranceles de Trump no son el prólogo de la guerra comercial, como se quiere presentar, sino principalmente la herramienta americana para tratar de arrebatar a China su pretensión hegemónica. Sólo cabe un imperio. No hay G8 ni G7 sino G2. El mundo es Estados Unidos vs China. Y Europa debe elegir.
La decisión de Trump de cerrar la guerra de Ucrania no es abandonar a Europa ante el riesgo de expansionista de Rusia sino tratar de evitar que Rusia se eche en manos de China. Europa sin embargo insiste en que debe rearmarse ante el riesgo ruso. Macron aboga por un ejército europeo “con o sin Estados Unidos”, von der Leyen amaga con estrechar lazos con el imperio amarillo y Sánchez viaja a China a “facilitar” esa relación, como dice el embajador de China en España.
Tan trascendental es el viaje y la relación con China que hasta Otegui -ese indicador adelantado- vistió corbata para entrevistarse con el embajador chino en España.
El juego es peligroso pero a Sánchez le permite tener una baza negociadora frente a sus permanentes incumplimientos en materia de Defensa. ¿Lo último? En 2024 gastó 3.300 millones menos de lo prometido. El tema es cuánto tiempo se lo permitirán. La OTAN ya le dio su tarjeta amarilla. La otra clave está en el BCE. Si Lagarde le corta el grifo se le acabó la fiesta.
La visita de Meloni a Trump en Semana Santa será clave. Y es posible que Trump exija la cabeza de ese caballo de Troya de Sánchez que amenaza la estabilidad de la UE. No. No son las barreras al cine, la tasa Google o la cuota europea a Netflix lo que incomoda a EEUU, como señala El País. Son las veleidades con el enemigo, China.
Que Zapatero diga ahora que los aranceles aceleran la decadencia de EEUU avala la tesis de que hay que cortar de raíz con el enemigo que vive en casa. Por cierto que Zapatero dijo ayer que hay que avanzar en la identidad nacional de Cataluña y auguró novedades en el segundo semestre del año. Es el enemigo en casa.
Luis Losada Pescador (Actuall.com)