Un delincuente, llamado Pedro, ha contado con la complicidad de otro, que hasta ahora no le era, llamado Cándido, para pagar una factura que le debía a un tercer mafioso, llamado Carles.
La operación no ha sido sencilla porque para cerrar ese círculo mafioso ha necesitado que varios jueces voten a favor de un supuesto anticonstitucional, como es amnistiar a delincuentes que han intentado dar un golpe de estado y persisten en su voluntad de continuar delinquiendo.
El gobierno no es ajeno a la comisión de este delito porque alienta y negocia las contraprestaciones con los que lo ejecutaron tal como lo califica la sentencia de la Sala Segundo de lo penal del Tribunal Supremo presidido por el Magistrado, Manuel Marchena.
Felipe González debe haberlo entendido así porque hoy mismo ha declarado en el Programa de Carlos Alsina que “esta autoamnistía es una vergüenza, y que nunca apoyará en las urnas a nadie que haya participado en un hecho que significa pedirle perdón a los autores de esta barrabasada”, es decir a los golpistas catalanes y sus cómplices socialistas que ahora les amnistían.
No sé si Pedro Sánchez está pensando en expulsar a Felipe González del PSOE por sus declaraciones en la que rompe con él y sus barrabasadas, pero sería una decisión inútil porque no se puede expulsar a nadie de una organización que ya no existe como partido político porque la justicia la ha definido como “organización criminal”
España, por cortesía de Pedro Sánchez, es noticia de estos días en la prensa internacional en Europa, América latina y Estados Unidos , e imagino que las declaraciones de Felipe González ocuparán en las próximas horas alguna portada que subraye el caos plural de un gobierno que apesta a caos y corrupción , salvo para los entusiastas del aprendiz de dictador, que jamás dejarán de alabar sus delitos.
Diego Armario