Cuando decimos que alguien está «hecho unos zorros», no hablamos de raposos, sino de un antiguo utensilio de limpieza compuesto por un mango y unas tiras que, después de mucho uso, terminaban sucias, rotas y desordenadas.
Vamos, que el pobre zorro acababa hecho unos zorros.
Y viendo cómo algunos pretenden dejar España después de años de gobierno, la expresión parece hecha a medida.
Porque una cosa es limpiar la casa y otra muy distinta es pasar el zorro por encima, levantar polvo, esconder la suciedad debajo de la alfombra y marcharse diciendo que todo está como los chorros del oro.
El problema vendrá después, cuando llegue quien tenga que hacerse cargo de la casa y descubra que no basta con cambiar los muebles. Hay que reparar las grietas, ordenar las cuentas y, sobre todo, quitar el polvo acumulado durante años.
Y eso no se arregla con propaganda, eslóganes ni culpando al anterior propietario.
Sócrates ya lo dejó dicho hace unos cuantos siglos: «Prefiero el conocimiento a la riqueza, ya que el primero es perenne, mientras que el segundo es caduco».
Quizá esa sea la asignatura pendiente, con menos vendedores de humo y más conocimiento.
Porque al final, después de tanto pasar el zorro, podemos terminar todos viviendo dentro de una casa… hecha unos zorros.
Salva Cerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 27/09/2026

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