La expresión “feliz año” con la que nos saludamos un día como hoy, es un deseo bajo vigilancia porque hace tiempo que perdimos la ingenuidad pero no la esperanza de volver a vivir como el pueblo que fuimos al recuperar la democracia tras la muerte del dictador.

Este año podría ser un tiempo en el que recuperemos los uso, las formas y las costumbres de un pueblo plural, trabajador, tolerante, generoso, solidario y pacífico. Un tiempo en el que “la mayoría silenciosa” alce la voz de la sensatez y tape el griterío de los profesionales del odio.

La gente de mi generación recuerda que hace décadas existió un grupo musical andaluz, llamado Jarcha, que popularizó una canción titulada “Libertad sin ira” y se convirtió en un himno de la juventud que había entendido que nuestra incipiente democracia era una oportunidad histórica para la tolerancia y la convicencia.

Aquellos años fue un tiempo ejemplar. España se puso de moda, la juventud rompió los moldes, el sexo rompió las barreras de la ideología y nuestra sociedad acabó por ser una referencia de una democracia joven y creadora de oportunidades frente a la vieja Europa.

A día de hoy la gente de aquellos años, mujeres y hombres generosos y tolerantes, se está muriendo a chorros y los periódicos se llenan de noticias que nos recuerdan quién fue el que ya no está y dejó una huella digna de su propia historia.

Los que se empeñan en borrar un modelo de convivencia que fue una fórmula de éxito son parte de la España más oscura. Tienen miedo a la libertad de opinión y pensamiento y odian porque su mente y su corazón no les da para más.

No existe una coartada que justifique el odio de los ignorantes, que no tienen discurso propio y viven de las consignas. Si en vez de odiar tuvieran que amar no sabrían cómo hacerlo porque en su diccionario no hay palabras para la seducción y menos aún para el orgasmo de la mente

Como es año nuevo no quiero hacer referencia a los amargados de la tercera edad que no han entendido que su tiempo pasó y arrastran sus amarguras por lo que no son lo que fueron, apuntándose al club de hooligan desclasados.

No creo que sean mayoría los que chapotean en la amargura del odio insatisfecho porque en el vomitorio por el que salen a raudales, hay “gente pa tó” y sueño con que al final ganen los buenos, que no tienen nada que ver con el cáncer de las ideologías de los que jamás tuvieron una udea solidaria y decente. porque no es soez ni follonero, pero sí trabajador, amante de la paz y la convivencia, la tolerancia y el respeto.

Diego Armario

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 01/01/2026

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