Algo huele a podrido en Dinamarca…y en la PSOE. El partido de Pedro Sánchez no da más de sí. La omertá ha sido hasta ahora la ley del silencio, salvo las tímidas quejas de viejos dirigentes que habían sido dados por amortizados, pero tras años de tragaderas, incluida la estafa de Pedro Sánchez a sus compañeros de partido metiendo papeletas falsas en una urna de un Comité Federal se ha oído la voz de “hasta aquí hemos llegado”.
Soraya Rodríguez, ex dirigente del Psoe ha dicho que el Cómité Federal ya no existe y se equivocan los que piensan que se puede recuperar el viejo Psoe cuando Sánchez se haya ido. Hay que hacerlo ahora frente a él.
Sánchez no ha tenido que esperar a que pasen años para conocer qué dirá la historia sobre él porque su biografía no va a darnos ninguna sorpresa, ni tampoco sus familiares y allegados políticos investigados por los tribunales de justicia.
Conozco a militantes honestos que se pasan el dia tapándose la nariz para no oler, los oídos para no escuchar y la boca para no hablar
El silencio de los disidentes – excepción hecha entre otros de Nicolás Redondo, Joaquín Leguina, Rodríguez Ibarra, Tomás Gómez, Soraya Rodríguez y algunos más que se reunieron hace unos días en un restaurante cerca del Congreso para analizar la crisis de su partido y del gobierno- ha sido atronador en todos los cargos públicos, leales a su sueldo más que a su compromiso con la honestidad y la democracia.
La contradicción intelectual y moral de viejos socialistas tiene que ver con un cierto fanatismo no superado les está llevando a una incomoda contradicción.
Dos de los trece libros que he publicado (El triángulo y El Psoe en llamas) recogen la etapa de Felipe González y la de Zapatero, antes de convertirse en socio de Nicolás Maduro. Nadie como Sánchez y ZP han trabajado con más intensidad y provecho personal en contra de su partido.
Diego Armario