La confianza de los españoles en la independencia judicial en nuestra patria común, una de las peores en la Unión Europea. Su fe en el sistema legal es muy baja, casi nula. La calidad de la Justicia en nuestro país era buena o muy buena sólo para un 3% de compatriotas.

Politizada, lenta, cara, kafkiana, injusta…

Judicatura al completo ( incluidos secretarios judiciales y abogados en grandísima proporción), podredumbre. Togados, ropones, «dioses», faraones, intocables, inmunes, impunes, perpetren lo que perpetren. Y el españolito medio lo intuye. Politizada hasta el tuétano y la hez, cada partido marca a sus jueces como si fuesen ganado, desde las audiencias provinciales hasta el Constitucional. Sin independencia ( a la hora de aplicar, por otra parte, siniestras leyes).

Lenta, lentísima ( qué decir de los innúmeros «errores» y defectos en la custodia de pruebas o de resoluciones que no se aplican, o su  ejecución es tan premiosa y parcial que pierden su efectividad). Cara, carísima. Escandalosa y muy sangrante, casi kakfiana, doble, triple, cuádruple vara de medir: la ley está pensada «para el robagallinas» y no para el “gran defraudador”, Carlos Lesmes dixit.

In dubio pro reo, presunción de inocencia, igualdad ante la ley, tutela judicial efectiva, habeas corpus: ignotas, idas, verdes y se las comió una vaca. Injusta, esencialmente. Incluso Bruselas ( quién habló que la casa honró) nos da toques de atención con persistente frecuencia. El putiferio del CGPJ. Fiscalía, sometida al gobierno de turno, ora Sanchinflas, ora Frijolito…

….O, claro, la Directiva Europea de denunciantes de corrupción ( 2/2023), de 20 de febrero, completamente incumplida. El juez Fernando Presencia en el talego, una pista. Autopista, más bien. Quien se mueva no sale en la foto. En fin.

Luys Coleto (ÑTV España)