La agenda personal de Sánchez comienza a ocupar el espacio que debería estar reservado para las políticas de Estado.
El ataque de Irán sobre territorio israelí ha demostrado que la huida hacia adelante del presidente, afanado en promocionar por libre el reconocimiento de un Estado palestino, es una temeridad. Miembros destacados del cuerpo diplomático español han confirmado a ABC la extrañeza que la estrategia de Sánchez está generando en el contexto internacional.
Los dos Estados son, en efecto, el punto de llegada en el que convergen todos nuestros aliados.
Sin embargo, para que ese reconocimiento pueda procurar un marco de paz duradera debería realizarse en un contexto muy distinto del actual.
El presidente es consciente del desgaste de su gobierno.
Que intente contrarrestar ese descrédito intentando proyectar un aparente liderazgo exterior es comprensible, siempre y cuando no incurra en irresponsabilidades que pueden acabar teniendo consecuencias de suma gravedad.
ABC