¿Y si volvemos a repetir la historia?
Quizás supieras que el bronce de los leones del Congreso se obtuvo de la fundición de los cañones del enemigo. Lo que quizás no sabías -o no recordabas- es que fueron cañones de los moros en la llamada batalla de Castillejos.
Te cuento. Los moros estaban invadiendo Ceuta. El entonces presidente O’Donnell, decidió intervenir con el general Prim. Tras negociar la neutralidad de Francia e Inglaterra el 22 de octubre de 1859 obtiene el visto bueno para declarar la guerra. El entusiasmo ciudadano es total. La batalla se libra el 1 de enero de 1860.
En el País Vasco y Navarra se organizan recogidas de víveres. En Cataluña se forma un regimiento de voluntarios. En total acuden 35.000 soldados. La victoria fue rotunda y los enemigos tuvieron que huir. España se hizo respetar y recuperamos un orgullo nacional dañado por las independencias americanas. Recuperamos también el prestigio internacional perdido entre las grandes potencias extranjeras.
¿Y si repetimos la historia?, ¿nostalgia o rescoldo? El combate cuerpo a cuerpo fue duro. Los marroquíes eran superiores en número. La clave fue la estrategia militar del general Juan Prim. En un arranque de audacia ondeó la bandera del Regimiento de Córdoba para reagrupar a sus desmoralizados soldados y lanzarse a una carga que pretendía definitiva. Y lo logró.
La victoria se debió fundamentalmente a Ceuta. No sólo fue la base logística de operaciones, sino que era el núcleo mismo de la presencia española.
Castillejos demostró entonces que la seguridad y estabilidad de Ceuta estaban íntimamente ligadas a la política exterior y la cohesión de España. Como hoy.
Ceuta sigue siendo el termómetro que mide no sólo las relaciones de España con Marruecos sino el peso específico español en el concierto internacional, la capacidad para hacernos respetar en el mundo.
Y de momento el balance es penoso. ¿Qué imagen damos al mundo de un país incapaz de controlar sus fronteras ni de solventar una invasión dos meses después?
Hoy la guerra no se libra con cañones sino con avalancha migratoria, con marchas verdes. Pero no deja de ser una guerra declarada. Y la respuesta de España no ha sido expulsar al invasor sino acogerle con cama, colchón y sábanas nuevas, ducha, comida y wifi gratis. ¿Se necesita algo más para el efecto llamada?, ¿es posible dar una imagen exterior más penosa, débil y lacaya?
Hoy no tenemos cañones que fundir, pero si tenemos la obligación moral de defender nuestra integridad territorial y de lanzar un mensaje contundente al agresor: no vamos a tolerar ni una mínima violación de nuestra nación. Ni la más mínima. Y eso pasa por la llamada a consultas, contundencia diplomática y actuación firme frente a la invasión.
El gobierno se hace el buenista y ‘vende’ que no es posible legalmente devolver a todos a la vez. ¿No se aprobó en junio el pacto europeo de asilo que permite suspender las tramitaciones de asilo cuando se produce una invasión que tiene por objeto la desestabilización del invadido?, ¿no estamos en ese escenario?
Los leones de los cañones marroquíes incautados en la batalla de Wad-Ras esculpidos por Ponciano Ponzano son un recuerdo diario de dónde venimos y dónde estamos destinados a llegar. El bronce fundido se convirtió en el custodio de la nación, la democracia y la convivencia.
Pero los leones del Congreso son también en la conciencia de que la soberanía se defiende con firmeza. Incluso cuando el atacante sea el mismo en el mismo sitio un 166 años después.
Y quizás hoy ambos -los popularmente conocidos como Daoís y Velarde- estén tirándose de los pelos ante la desesperante pasividad del gobierno ante la invasión de Ceuta. ‘No es esto, no es esto’, dirán. ¿Queréis que os recuerde cómo y por qué llegamos hasta aquí?
Erase una vez una nación llamada España que era respetada y se hacía respetar. Todavía estamos a tiempo. ¿A qué esperamos?
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