“El cáncer del cáncer, cuando la metástasis no está en los pacientes, sino en los despachos”
España ya no hace falta buscar a los corruptos debajo de la mesa, te los presentan en la recepción, te ofrecen café y hasta te facilitan una tarjeta corporativa, por supuesto, con cargo al contribuyente.
La última obra maestra del teatro institucional llega desde el CNIO, un centro destinado a luchar contra el cáncer… aunque, por lo visto, algunos llevaban años luchando más bien por “curarse la vida” a costa del presupuesto público.
Resulta que durante 18 años, mientras se investigaban tumores, otros investigaban cómo rascar dinero sin que se note. Y oye, parece que la “investigación” les fue de maravilla: entre 20 y 25 millones de euros evaporados. Una cifra perfecta, porque cuando roban cantidades redondas canta demasiado; mejor un margen, así parece que hay duda.
Y claro, ¿quién descubre el pastel?
Un alto cargo que estuvo casi dos décadas en la casa, se fue seis años a aconsejar a De Guindos y volvió como si nada hubiera pasado, fresco como una lechuga. Le nombran director de Compras y luego director de Operaciones, y… ¡oh, sorpresa! Implanta una normativa de control del gasto y empiezan a aparecer “cosas raras”, como si la corrupción fuese tímida y solo saliera cuando apagas la luz.
Ahí empiezan a revisar albaranes, contratos, facturas y testimonios que, según cuentan, están hasta grabados. Vamos, que aquello debía ser una mezcla entre Cuéntame y Equipo de Investigación, con gente contando historias que harían llorar a cualquier contable honrado.
La denuncia, de 120 páginas, aterriza ya en la Fiscalía de Madrid.
Debe pesar lo suyo. No por el papel, sino por la cantidad de “morcilla” que tiene dentro.
Y mientras tanto, tú, yo, y cualquier persona que dona cinco euros para luchar contra el cáncer, pensando que ayuda a la investigación… cuando a lo mejor estaba pagando el tercer cambio de móvil corporativo de algún artista del “optimización financiera”.
Lo más irónico es que estos 20-25 millones robados pertenecen a una institución que recibe 21 millones públicos al año. O sea, que alguien ha tenido la habilidad de hacer desaparecer, como quien dice, un año entero de financiación… pero en cómodas entregas y sin despeinarse.
España, país de talento.
Pero del malo.
Porque aquí nadie dimite, nadie vio nada y todos pasaban por allí «de casualidad».
Si esto fuera una serie, se llamaría La Casa de Papel… Higiénico, claro, porque con esos 25 millones puedes empapelar medio CNIO sin problema.
Mientras tanto, el cáncer real sigue cobrando vidas, pero el cáncer institucional se multiplica más rápido que cualquier célula maligna.
Y ya sabemos: para este último no hay quimioterapia, no hay radioterapia y, desde luego, no hay voluntad política.
Pero oye, que lo importante es que seguimos siendo “referentes mundiales”.
En qué, ya es otra historia. Ya lo dijo Kant: «Sapiens commutare potest, stultus numquam» (El sabio puede cambiar, el necio nunca).
Salva Cerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 18/11/2025

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