Hoy propongo un cambio de escenario social que trate de dar algo de sentido a esta vorágine que vivimos. Dicen los entendidos, y también los que no entienden nada pero repiten lo que leen en redes, que hemos entrado de lleno en la Era de Acuario, la del despertar de la conciencia, la fraternidad universal y la liberación del espíritu humano. Todo muy bonito… si no fuera porque parece que muchos confunden “conciencia” con “wifi” y “liberación” con tener cuenta en tres plataformas de streaming.
El cambio de era promete una humanidad más consciente, más justa y más conectada. Y, en efecto, conectados estamos… aunque más bien a los enchufes, las pantallas y los algoritmos que dictan lo que debemos pensar, comprar y hasta sentir. Si esto es el despertar, habrá que ir pidiendo un café doble, porque el sueño de la razón sigue produciendo monstruos digitales.
Y para completar el cóctel cósmico, llega Plutón entrando en Acuario, dispuesto a quedarse nada menos que veinte años revolviendo estructuras, sistemas y egos que según Gardel, no son nada. Un tiempo suficiente para que caigan imperios, bancos, gobiernos… o, al menos, para que cambie el logo de alguna red social. Plutón no viene de visita, viene con excavadora. Lo suyo no es decorar, sino demoler para ver qué queda en pie.
Pero cuidado, lo de “nuevo paradigma” no siempre significa progreso. Cuando Acuario se pone dogmático, convierte la libertad en consigna y la fraternidad en etiqueta. Y entre tanto “humanismo digital” y “inteligencia artificial empática”, corremos el riesgo de que lo humano se nos diluya entre bytes, influencers y discursos programados.
Dicen que dentro de veinte años Plutón pasará a Piscis, signo de lo espiritual y lo nebuloso. Tal vez para entonces nos hayamos cansado de tanto “progreso” y busquemos consuelo en la fe… aunque sea en la fe en los datos. Quizás volvamos a mirar las estrellas, pero esta vez a través de una app que nos diga a qué constelación rezar y en qué horario cósmico meditar.
Mientras tanto, disfrutemos de esta revolución acuariana. Apaguemos el móvil (si es que nos atrevemos), miremos al cielo sin filtros y recordemos que el verdadero cambio no vendrá de un planeta lejano, sino de algo mucho más simple como es el despertar de la conciencia… pero de la nuestra, no de la nube.
Salva Cerezo