LA QUE SE AVECINA

Casualidad o causalidad -en mi opinión más bien lo segundo- la economía en la era sanchista está en clara desaceleración. España ni crece ni crea empleo como debiera. Por cifras que lo constaten no va a quedar, mes tras mes alguna, de hecho, se torna negativa. ¡Y no será porque los empresarios se lo han advertido una y otra vez al presidente Sánchez!

Evidente es que las reuniones hasta hoy entre las partes han sido poco fructíferas para los intereses empresariales -que paradójicamente son los que crean empleo, suben sueldos e invierten- y que por mucho que se obcecasen, sus peticiones eran de todo menos parte de la agenda del cambio de este Gobierno. Más bien ha sido la parte damnificada.

El caso es que andan muy airados los grandes empresarios españoles. Y los no tan grandes, pues también. Confiesan muchos de ellos que están cansados de avisar a unos y otros miembros del Gobierno, según el sector al que pertenezcan, de que un exceso de gasto social es contraproducente en épocas en las que se acaba de recuperar el resuello, más que nada porque «alguien» tiene que pagarlo.

En forma de impuestos, claro -en esta legislatura de nueve meses ya, por ejemplo, con subidas en las cotizaciones sociales, por tanto menos ganas de contratar o de renovar empleo-, y de cerrar el grifo para la partida de inversiones -que está por ver pero que también, a la larga, es menos empleo a la vista-.

Cierto es que, en principio, la política del subsidio tiene buena acogida ciudadana, pero cuando se traduce en dificultades para la empresa ya no es tan popular. Las consecuencias las sufren aquellos que tienen empleo, y pueden perderlo, o los potenciales trabajadores que se quedan sin esa opción. Los ciudadanos, vamos.

El disgusto mayor de la mayoría de los empresarios españoles con Sánchez viene del hecho de haberle explicado por activa y por pasiva que se han jugado su patrimonio -empresarial, y alguno que otro, personal- invirtiendo en el mercado español recortando su beneficio a corto plazo con el único objetivo de ser productivos, generar empleos estables y evitar el endeudamiento.

¿Y a cambio qué han recibido? Más impuestos. A esto hay que sumarle que una de las amenazas más temidas por parte de los empresarios es la falta de reformas estructurales. Abogan por grandes pactos en materia de educación, formación a distancia, simplificación fiscal y administrativa del modelo territorial. Y, entre los objetivos del Ejecutivo actual, de esto, cero patatero.

María Jesús Pérez ( ABC )
viñeta de Linda Galmor